El negocio empezó por WhatsApp, como empiezan tantas cosas ahora: con un mensaje, unas fotos, una promesa y la idea de que del otro lado había alguien dispuesto a vender.
El hombre buscaba comprar un camión. La conversación avanzó sin que nada, al principio, pareciera fuera de lugar. Hubo intercambio de datos, condiciones de compra y una negociación que terminó en transferencias de dinero. En total, según denunció después ante la Policía, envió 2.100 dólares.
El cierre del trato parecía estar en la automotora. Hasta allí llegó para retirar el vehículo.
Pero en el local nadie lo esperaba.
Los responsables del establecimiento le dijeron que no habían vendido ningún camión, que no habían recibido pagos y que no existía ninguna operación a su nombre. En ese momento, la compra dejó de ser una compra y pasó a ser una maniobra fraudulenta.
El denunciante se presentó luego en la Seccional Séptima de Colonia, donde relató lo ocurrido. De acuerdo con la información policial, el contacto con los supuestos vendedores se había realizado únicamente a través de WhatsApp.
La investigación procura ahora establecer quiénes estuvieron detrás de la operación, qué cuentas recibieron el dinero y si la automotora fue utilizada como pantalla para darle apariencia de legalidad a la venta.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una modalidad cada vez más frecuente: publicaciones o contactos digitales que simulan operaciones comerciales reales, con datos de vehículos, empresas o comercios conocidos, pero sin vínculo alguno con sus propietarios.
La Policía trabaja para esclarecer el hecho.



























Comentarios