En febrero, cuando el calor aprieta y las tardes se estiran hasta volverse noche, Carmelo vuelve a hacer lo que sabe desde hace más de medio siglo: reunirse alrededor de la música, la comida, el paseo compartido y el ritual del brindis. Del 6 al 8 de febrero, la ciudad celebrará una nueva edición —la número 53— de la Fiesta Nacional de la Uva, un encuentro que combina tradición, espectáculo y vida popular.
Durante tres días, el predio se transforma en una pequeña ciudad dentro de la ciudad. Hay luces que no se apagan, aromas que se mezclan y sonidos que llegan desde distintos puntos al mismo tiempo. Familias enteras recorren el paseo de compras, los más chicos descubren el gran parque de diversiones y, en la plaza de comidas, el tiempo se mide en charlas largas y mesas compartidas.
La fiesta también tiene su dimensión simbólica. La elección de las reinas vuelve a ocupar un lugar central, no solo como ceremonia, sino como parte de una identidad que se renueva año a año. La vendimia, más que una referencia productiva, funciona como excusa para el encuentro.
Música en vivo y escenario sin pausa
Cuando cae la noche, el escenario se convierte en el corazón del evento. A lo largo de las tres jornadas se suceden bandas y espectáculos en vivo, en una grilla pensada para públicos diversos y generaciones que se cruzan frente a las vallas.
La programación combina rock, música tropical, candombe, espectáculos infantiles y humor, en un desfile continuo que evita los silencios.
Una fiesta que se camina
Más de 100 atracciones completan una propuesta que no se limita al escenario. La Fiesta Nacional de la Uva se vive caminándola: en los juegos, en los puestos, en el cruce casual con conocidos y desconocidos. No hay un único punto de interés, sino muchos, y cada visitante arma su propio recorrido.
Al final, cuando el día termina y las copas vuelven a levantarse, la celebración se parece menos a un espectáculo y más a un gesto colectivo. Del 6 al 8 de febrero, Carmelo vuelve a brindar, como lo hace desde hace 53 años, por su historia, por su gente y por la persistencia de una fiesta que sigue encontrando razones para repetirse.



























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