La historia empezó en una casa de calle Cagancha, en Carmelo, con una ausencia pequeña pero suficiente para mover una investigación: faltaba un teléfono celular.
La denuncia entró y la Policía comenzó a tirar del hilo. No hubo grandes escenas ni persecuciones largas. Hubo datos, primeras actuaciones y un trabajo rápido que permitió ponerle nombre al sospechoso. El señalado era un hombre de 40 años.
Con la orden correspondiente, los efectivos fueron por él, lo detuvieron y lo trasladaron ante la Fiscalía. Lo que había comenzado como el faltante de un celular dentro de una vivienda terminó, pocas horas después, en una audiencia judicial.
Allí se cerró el recorrido del caso. La Justicia condenó al hombre como autor penalmente responsable de un delito de hurto especialmente agravado en grado de tentativa.
La pena fijada fue de 10 meses de prisión.
En las viejas crónicas policiales, los hechos solían empezar con una puerta, una denuncia y un objeto perdido. Esta vez, en Carmelo, el rastro de un celular alcanzó para activar el mecanismo policial y judicial hasta terminar con una condena

























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