La Calera de las Huérfanas, uno de los sitios patrimoniales más significativos del país, avanza en una etapa decisiva de su proceso de recuperación. Luego de varios meses de trabajo sobre la estructura original de la antigua capilla de la estancia jesuítica del Río de las Vacas, comenzaron a instalarse las estructuras metálicas que sostendrán la nueva cubierta del edificio, una obra central dentro de una intervención más amplia que apunta a preservar el conjunto y a fortalecer su valor histórico, cultural y turístico.
La imagen de la capilla sin techo, con sus muros de piedra abiertos al cielo, fue durante años una de las postales más reconocibles del lugar. Esa condición, sin embargo, también evidenciaba su vulnerabilidad. Expuesta durante décadas a la lluvia, el viento y el deterioro natural, la construcción necesitaba una intervención que no solo atendiera su estado material, sino que también garantizara su conservación a futuro.
En ese marco, la colocación de una nueva cubierta aparece como un paso determinante. Antes de llegar a esta etapa, el proyecto requirió un extenso trabajo de consolidación de los muros, con tareas de limpieza, recuperación y refuerzo estructural. Esa fase fue la base de una restauración que ahora se encamina hacia uno de sus tramos más visibles: la instalación de una estructura metálica que recrea la forma original de la bóveda y que sostendrá un techo liviano de policarbonato.
La obra forma parte del Programa de Desarrollo de Destinos Turísticos Emergentes, impulsado por el Ministerio de Turismo con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. El proceso comenzó a tomar forma en 2019, cuando se identificó la necesidad de intervenir en un sitio cuya última restauración importante había sido realizada en 1943. La ejecución concreta de la restauración de la capilla comenzó a principios de 2025 y desde entonces ha atravesado distintas fases técnicas, todas orientadas a estabilizar y proteger uno de los elementos arquitectónicos más emblemáticos del predio.
Pero la intervención no se reduce a la capilla. La recuperación abarca también el conjunto de la Calera de las Huérfanas, un espacio donde se superponen el valor arqueológico, la memoria histórica y el potencial turístico. En ese sentido, el proyecto incluyó mejoras en senderos, miradores, cartelería interpretativa, el centro de visitantes y los servicios destinados al público.
La dimensión integral de las obras muestra que el objetivo no es solamente restaurar una estructura antigua, sino reordenar y poner en valor todo el sitio. La apuesta es convertir a la Calera en un espacio mejor preparado para recibir visitantes, ofrecer una experiencia de recorrido más completa y consolidarse como un punto de referencia dentro del patrimonio histórico del departamento de Colonia y del país.
La inversión total del programa ronda los 38 millones de pesos, mientras que la Intendencia de Colonia sumó otros 8 millones. Detrás de esas cifras hay una definición concreta: intervenir sobre un sitio de enorme valor simbólico y material, no solo para evitar su deterioro, sino para integrarlo de manera más firme a los circuitos culturales y turísticos.
La nueva cubierta de la capilla sintetiza ese cambio de etapa. Ya no se trata únicamente de conservar ruinas, sino de crear condiciones para que ese pasado permanezca, se entienda mejor y pueda ser recorrido por nuevas generaciones. En la Calera de las Huérfanas, la restauración no avanza solo sobre piedras antiguas: avanza sobre una parte central de la historia regional.



























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