Colonia y el litoral oeste siguen siendo el núcleo agrícola del país, pero ya no concentran el mismo “furor” comprador de capitales argentinos. El cambio no se explica por una sola causa: es la suma de un litoral cada vez más caro, un ciclo sojero maduro y una Argentina que, con nuevas señales al agro, redujo el incentivo de “escapar” hacia Uruguay.
En producción, Colonia conserva peso. En la zafra 2024/25 se sembraron 194.402 hectáreas de soja en el departamento (14% del total nacional), y junto a Soriano y Río Negro la franja reúne 51,8% del área del país.
Pero el acceso a la tierra se volvió más exigente. En 2024, el precio promedio de compraventa en Colonia fue de US$ 8.111 por hectárea; y en el primer semestre de 2025 trepó a US$ 10.337, el promedio más alto del país en ese período. A la vez, el arrendamiento en Colonia promedió US$ 237/ha/año en 2024, y la agricultura de secano se ubicó en US$ 315/ha/año, valores que presionan los márgenes del negocio agrícola.
Del lado argentino, operadores del mercado rural describen que hay interés, pero “ya no con el énfasis” de otros años. La explicación de fondo también es política: Argentina anunció una baja permanente de retenciones para varios productos (incluida soja), una señal que mejora la rentabilidad esperada puertas adentro y recorta el papel de Uruguay como “tabla de salvación”.
Para Colonia, el efecto es doble: menos compras externas visibles, pero una economía rural que sigue tensionada por precios de tierra y rentas altas en el corazón agrícola del litoral.



























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