En un rincón del predio de la Expo Prado 2025, entre ruidos de granja y miradas exigentes, un conejo de la raza Neozelandés logró destacarse entre decenas de ejemplares. Se llama Pompón y acaba de obtener el tercer premio en su categoría. Pero detrás del galardón hay algo más que genética: hay horas de cuidado, aprendizaje y vocación.
Pompón fue presentado por Sebastián Geymonat, estudiante oriundo del departamento de Colonia; Sebastián Villar, Rodrigo Curbelo y Joaquín Epifanio, todos alumnos de la Escuela Agraria La Concordia, bajo la guía de su docente responsable, el profesor Jhonattan Barale.
No es habitual que una historia rural comience en un aula, transcurra entre galpones de prácticas y llegue a un podio en el corazón de una de las ferias agroindustriales más importantes del país. Pero este grupo lo hizo posible.
La participación de los estudiantes en la Expo Prado no fue solo una actividad académica. Fue la culminación de un proceso formativo donde se conjugan la teoría, la práctica y el compromiso. Desde el manejo sanitario hasta la presentación en pista, cada detalle fue preparado con rigor, paciencia y un entusiasmo que desbordaba.
El reconocimiento a Pompón tiene un valor que trasciende lo competitivo. Representa también un logro institucional para la Escuela Agraria La Concordia, que continúa consolidando su perfil como formadora de futuros técnicos y profesionales del agro. Y muestra, además, que la excelencia puede incubarse en lo cotidiano: en el aula, en el criadero, en la observación diaria del animal.
En la Expo Prado, donde los campeones suelen tener nombres resonantes y criadores de larga trayectoria, la presencia de Pompón —y de quienes lo acompañaron— fue una bocanada de aire fresco, una muestra palpable de que la vocación también se aprende, se cultiva y, a veces, se premia.



























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