No fue el toro ni el caballo quien se llevó las miradas esa mañana en la Rural del Prado. Fue un gallo. Compacto, sereno, tan suave como un algodón mojado en niebla. El cochinchino lavanda, raza ornamental de origen asiático, se presentó con la dignidad de quien sabe que va a ganar.
Y ganó.
La Cabaña Avícola Colonia Estrella, de la familia Manzino-Dicono, lo presentó con orgullo en el certamen avícola de la Exposición Rural del Prado 2025. No era su primera vez, ni será la última. Con experiencia en cada pluma, la familia viene acumulando premios como quien cultiva paciencia y genética a partes iguales.
Pero esta vez fue distinto. El ejemplar no solo obtuvo el primer premio, sino que fue coronado Gran Campeón de la raza cochinchino lavanda, el máximo reconocimiento para un ave de esta línea. No por nada es una de las razas más valoradas en el mundo de la avicultura: patas emplumadas, cuerpo redondo, y un temperamento casi filosófico.
Entre jaulas y secretos
Los pasillos del galpón avícola estaban repletos. Chicos que preguntaban por qué ese gallo parecía más una almohada que un animal de granja. Jueces que observaban con lupa la simetría del plumaje, el volumen del pecho, la postura al caminar. Y mientras tanto, Maximiliano Manzino y Aldana Dicono —alma mater del proyecto familiar— ajustaban con dedos expertos los últimos detalles: una gota de agua aquí, una caricia allá.
—No es solo criar —decía en voz baja, entre un murmullo de gallinas—. Es criar bien. Con respeto. Con obsesión. Con amor.
En la Cabaña Colonia Estrella no hay lugar para la improvisación. Años de selección, cruces, alimentación específica y cuidado meticuloso han forjado una reputación que se consolida en cada feria, en cada premio, en cada crónica escrita como esta.
Más que premios
No fue el único reconocimiento que se llevaron a casa. Otros ejemplares de la cabaña también recibieron distinciones en diferentes categorías, confirmando que el trabajo metódico y la dedicación diaria tienen su recompensa.
La Rural del Prado es, para muchos, una vidriera. Para otros, un reencuentro. Para los Manzino-Dicono, es el escenario donde el esfuerzo se convierte en victoria. Y este año, el protagonista no fue una vaca de 900 kilos ni un caballo de salto. Fue un gallo. Lavanda. De Colonia Estrella.
Y con él, una familia entera que sigue creyendo que en el campo también se puede hacer arte



























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