Júpiter habría soportado un evento catastrófico capaz de destruir un planeta rocoso como la Tierra: una colisión frontal con un protoplaneta cuya masa era aproximadamente diez veces superior a la terrestre. El impacto, que agitó al gigante gaseoso hasta su núcleo, es la hipótesis que un grupo de científicos propone para explicar las observaciones de la misión Juno de la NASA.
La sonda ha detectado que el núcleo de Júpiter es sorprendentemente difuso, con elementos pesados dispersos en una amplia región, en lugar de concentrarse en el centro. Investigadores de la Universidad Rice (Estados Unidos) y de la Universidad Sun Yat-sen (China) sostienen que el núcleo del protoplaneta se habría fusionado con el de Júpiter, liberando suficiente energía para distribuir esos elementos por todo su interior.
“Este no fue un impacto común”, explicó Andrea Isella, coautor del estudio. El equipo realizó miles de simulaciones por ordenador que muestran que, durante la formación temprana de Júpiter, su poderosa gravedad pudo atraer cuerpos de gran tamaño en trayectorias directas.
Los resultados refuerzan la teoría de que los primeros años del sistema solar estuvieron marcados por violentas interacciones entre planetas en formación. Fenómenos similares podrían haber modelado a Urano, cuya inclinación extrema se atribuye a una colisión masiva.
El hallazgo también abre la puerta a interpretar observaciones de otros sistemas planetarios. Destellos fugaces en luz infrarroja detectados en estrellas lejanas podrían deberse a impactos del mismo tipo. Comprender estos episodios ayudaría a reconstruir los orígenes turbulentos de mundos tanto cercanos como distantes.



























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