El trabajo de Jorge Frogoni Laclau sobre Juan Petit de Murat parte de una figura casi borrada de la memoria local para reconstruir una trayectoria que conecta a Carmelo y Nueva Palmira con uno de los capítulos sanitarios más dramáticos del Río de la Plata: la epidemia de fiebre amarilla que golpeó Buenos Aires en 1871.
Ese es, probablemente, el principal valor histórico de la investigación. Frogoni no se limita a recuperar la biografía de un médico del siglo XIX. Lo que hace es devolverle escala regional a una historia que, mirada solamente desde Buenos Aires, parece pertenecer a otro territorio.
Petit de Murat había nacido en Brasil en 1833 y, según la documentación reunida por Frogoni, estudió en Filadelfia antes de instalarse en el Río de la Plata. A comienzos de la década de 1850 se radicó en Montevideo y, en 1862, aparece ya vinculado a Carmelo. Durante los años siguientes ejerció entre esa ciudad y Nueva Palmira. Dos de sus hijos, María Braulia y César Augusto, nacieron en Carmelo.
La precisión no es menor. Durante décadas, pequeñas referencias dispersas habían dejado constancia de aquel médico brasileño que practicaba la homeopatía en la zona. Frogoni reúne esas piezas —el Álbum del Centenario de Carmelo, los trabajos de Daoíz Pérez Fontana, publicaciones médicas, archivos de Buenos Aires y periódicos del siglo XIX— y les da continuidad.
Así aparece una trayectoria que permite observar cómo circulaban médicos, conocimientos y familias entre Montevideo, Carmelo, Nueva Palmira y Buenos Aires mucho antes de que las fronteras nacionales adquirieran la rigidez con la que hoy se las imagina.
De Carmelo a la fiebre amarilla
El episodio que modifica la dimensión del personaje ocurre en 1871.
Ese año, Petit de Murat participó de la asistencia a los enfermos durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires. De acuerdo con las fuentes citadas por Frogoni, convirtió junto con su esposa una propiedad en un lazareto para atender pacientes y recibió posteriormente una medalla de oro de la Municipalidad de Buenos Aires. También llegaría a presidir la Sociedad Homeopática Argentina y, desde 1875, a dirigir la revista El Homeópata.
El trabajo obliga, sin embargo, a leer ese capítulo con los ojos del siglo XIX y no con los del presente.
La homeopatía ocupaba entonces un lugar visible en las disputas médicas. Frogoni recoge noticias de prensa, debates parlamentarios y campañas para autorizar su enseñanza. En 1877, incluso, la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires discutió un proyecto relacionado con la legalización y formación de médicos homeópatas, respaldado por una solicitud con más de 20.000 firmas.
Eso no convierte en válidas, desde el conocimiento científico actual, las afirmaciones terapéuticas que circulaban entonces. El propio trabajo señala desde el comienzo que la comunidad científica considera actualmente a la homeopatía una pseudoterapia y que sus efectos no han demostrado superar al placebo en estudios amplios.
Pero precisamente allí aparece una de las dimensiones más interesantes del estudio: la historia no consiste en decidir retrospectivamente quién tenía razón, sino en comprender qué prácticas existían, qué prestigio alcanzaban y cómo eran recibidas por una sociedad determinada.
Petit de Murat fue parte de esa disputa.
Una biografía que amplía la historia local
Frogoni sigue además la huella familiar. El médico tuvo una extensa descendencia y uno de sus nietos sería Ulyses Petit de Murat, poeta, periodista, dramaturgo y uno de los grandes guionistas del cine argentino, colaborador de Homero Manzi y autor de decenas de guiones.
El dato podría parecer lateral, pero completa una idea que atraviesa todo el trabajo: las pequeñas historias locales rara vez terminan donde comienza el mapa.
Un médico que atendía pacientes en Carmelo y Nueva Palmira aparece después en la emergencia sanitaria de Buenos Aires, participa de organizaciones médicas, interviene indirectamente en debates sobre la legitimidad de una práctica terapéutica y deja una descendencia que décadas más tarde se proyectará sobre la cultura argentina.
El aporte de Frogoni está justamente en seguir ese recorrido. No descubre solamente a un personaje. Recupera una conexión.
Y al hacerlo recuerda algo que la historiografía local puede perder de vista cuando se concentra únicamente en fechas fundacionales, autoridades y grandes acontecimientos: durante el siglo XIX, Carmelo y Nueva Palmira no eran puntos aislados del litoral. Formaban parte de una red humana, sanitaria, comercial y cultural que atravesaba el Río de la Plata.
Juan Petit de Murat es una de esas vidas que permiten verla.

























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