Carmelo llega a 2026 con una pregunta que no es nueva: cómo crecer de cara al río sin deteriorar aquello que sostiene su identidad. La ciudad, ubicada en un punto estratégico del litoral oeste de Colonia, vuelve a aparecer atravesada por los mismos asuntos que un equipo interdisciplinario había señalado en 2011: la presión sobre la costa, el uso turístico del frente ribereño, la actividad náutica, la calidad ambiental de los cursos de agua y la necesidad de una gestión coordinada entre instituciones y comunidad.
La publicación Manejo Costero Integrado en Uruguay: ocho ensayos interdisciplinarios, editada por el Centro Interdisciplinario para el Manejo Costero Integrado del Cono Sur, incluyó como primer capítulo el estudio “Caminos hacia el Manejo Costero Integrado: caso de estudio Carmelo–Nueva Palmira”. Allí, Carmelo no fue presentada solo como una ciudad con playa, puerto y paisaje, sino como un territorio donde confluyen intereses económicos, ambientales, sociales y culturales que requieren planificación.
Quince años después, esa lectura conserva valor periodístico porque permite mirar los hechos actuales con perspectiva. En 2025, un planteo en la Junta Departamental de Colonia pidió gestiones para proteger Playa Seré de la erosión y fomentar la actividad náutica mediante nuevas amarras frente al Club de Remo Carmelo Rowing. La iniciativa fue remitida al Ejecutivo departamental para su análisis.
La coincidencia entre aquel diagnóstico y la agenda reciente no implica que nada haya cambiado. Sí muestra que los temas centrales siguen ubicados en el mismo lugar: el borde costero como espacio de desarrollo, pero también como zona frágil.
La costa como oportunidad y como límite
El estudio de 2011 ya había ubicado a Carmelo dentro de un sistema costero donde el turismo, la navegación deportiva, los servicios, los bienes patrimoniales y los espacios naturales debían pensarse en conjunto. El Arroyo de las Vacas aparecía como un punto ambiental sensible: su desembocadura había sido calificada como una zona de afectación ambiental media por recibir descargas de saneamiento y alcantarillado de la ciudad, además de emisiones vinculadas a la actividad portuaria. El documento también advertía que el subsistema del arroyo era “muy eutrófico”, aunque no hipereutrófico.
Ese dato no debe leerse en 2026 como una fotografía actual de la calidad del agua, porque corresponde al análisis citado por la publicación de 2011. Su importancia está en otra parte: señala que la relación entre ciudad, puerto, saneamiento y curso de agua ya era, hace más de una década, un asunto de gestión pública y no solo un problema ambiental aislado.
La misma lógica aparece ahora en Playa Seré. En marzo de 2026, un planteo político sobre presunta extracción de arena en esa zona abrió una discusión más amplia sobre ambiente, controles y uso del espacio costero. La información pública disponible no identifica autores, volumen retirado ni destino del material, por lo que el asunto debe tratarse como una señal de alerta institucional y no como un hecho cerrado con responsabilidades probadas.
La reflexión que surge es clara: la costa de Carmelo ya no puede ser vista únicamente como paisaje, balneario o recurso turístico. Es infraestructura natural, espacio público, atractivo económico y patrimonio colectivo. Cuando se erosiona, se rellena, se usa sin control o se planifica por partes, el impacto excede a una playa concreta.
El turismo náutico vuelve al centro
El turismo náutico, que el estudio de 2011 identificaba como una de las fortalezas de Carmelo, también reaparece en la agenda nacional. En abril de 2026, el Ministerio de Turismo y la Agencia Nacional de Desarrollo lanzaron una convocatoria para emprendimientos vinculados al turismo náutico en la cuenca del río Santa Lucía y en el departamento de Colonia. Los proyectos seleccionados pueden recibir apoyo no reembolsable de hasta el 70% del plan de acción, con un tope de 900.000 pesos.
La convocatoria oficial apunta a incrementar la oferta turística, agregar valor a propuestas existentes, generar empleo y fortalecer capacidades emprendedoras. Además, prioriza iniciativas con asociatividad empresarial, accesibilidad, turismo inclusivo e integración de servicios como alojamiento, gastronomía, transporte y recreación.
Carmelo fue incluida en la gira territorial de presentación del fondo: el Ministerio de Turismo informó que una instancia se realizó en la sede del Municipio de Carmelo, con participación de autoridades locales, departamentales, Prefectura, empresarios y medios de comunicación.
Esa presencia confirma que la ciudad sigue siendo parte de la conversación estratégica sobre turismo náutico. Pero también plantea una condición: desarrollar más actividad no puede significar aumentar presiones sin controles. La advertencia de 2011 sigue vigente: el turismo, la navegación y la conservación no deberían avanzar como carriles separados.
El paseo costero y la ciudad de cara al río
Otro punto que conecta el diagnóstico de 2011 con el presente es el proyecto de paseo costero. En septiembre de 2025, el intendente de Colonia, Guillermo Rodríguez, dijo que el proyecto denominado “Paseo Costero” había tenido avances, especialmente en negociaciones con propietarios de terrenos, y que la Intendencia había comenzado gestiones ante la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental para permisos y estudios de impacto.
Según esa información, la obra se proyecta en tres etapas. La primera abarcaría desde el arroyo de El Cremasco hasta Playa Vieja, pasando por zonas como Playa Corralito; la segunda iría desde la calle Treinta y Tres hasta Ansina; y la tercera conectaría Ansina con el balneario. El intendente también vinculó el proyecto con obras hidráulicas para barrios con problemas históricos de drenaje.
El punto relevante no es presentar el paseo como solución automática ni como amenaza inevitable. Es ubicarlo dentro de una discusión más amplia: Carmelo necesita infraestructura, accesibilidad y espacios públicos de calidad, pero cualquier intervención sobre la ribera exige estudios, participación y una mirada ambiental sostenida.
Eso era, en esencia, lo que planteaba el Manejo Costero Integrado: no decidir por fragmentos. No tratar la playa por un lado, el puerto por otro, el arroyo por otro y el turismo como un capítulo aparte.
La enseñanza pendiente del estudio de 2011
La principal reflexión que deja el análisis de 2011, proyectada a 2026, es que Carmelo no enfrenta un dilema entre conservar o desarrollarse. El verdadero dilema es si podrá desarrollarse sin perder los atributos que hacen valiosa su costa.
El documento académico proponía integrar conservación de áreas sensibles, puertos y vías navegables, bienes culturales y patrimoniales, turismo, recreación y actividades productivas. También remarcaba que la participación local era decisiva para que cualquier propuesta tuviera legitimidad.
Hoy, esa idea funciona como una advertencia periodística: cada nuevo proyecto sobre la ribera debería responder algunas preguntas básicas. Qué impacto tendrá sobre la costa. Qué organismo lo controla. Qué información ambiental lo respalda. Cómo participa la comunidad. Cómo se protege el espacio público. Y cómo se evita que el atractivo turístico termine degradando el recurso que lo sostiene.
Carmelo tiene en 2026 una oportunidad visible: reposicionarse como destino ribereño, náutico, patrimonial y ambiental dentro del departamento de Colonia. Pero esa oportunidad no empieza desde cero. Fue anticipada, con sus riesgos, por un estudio de 2011 que leía la costa como un sistema.
Quince años después, la agenda parece darle la razón: el futuro de Carmelo no se juega solo en construir más, atraer más visitantes o sumar amarras. Se juega en aprender a gobernar su borde costero como un bien común.

























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