El viento del río corría liviano el jueves por la tarde en Playa Seré, en Carmelo. Entre las sombrillas y el murmullo del agua, comenzaron a inflarse los juegos y a desplegarse los colores. En cuestión de minutos, la arena dejó de ser solo playa para convertirse en pista de obstáculos, cancha improvisada y mapa del tesoro.
La Kermesse, en el marco de Viví el Verano en Colonia, volvió a instalar esa escena que parece repetirse y, sin embargo, nunca es igual: familias enteras buscando sombra, niños descalzos corriendo hacia los inflables, abuelos alentando desde las reposeras. No hubo entradas ni vallas. Solo un espacio abierto donde la consigna fue jugar.
El tiro al blanco reunió a los más pacientes; el fútbol improvisado convocó a los que no quieren dejar pasar una pelota; el bowling, con risas que resonaban más fuerte que los bolos al caer, sumó su cuota de competencia amistosa. Y en la búsqueda del tesoro, los más chicos avanzaban como exploradores diminutos, atentos a cada pista escondida entre conos y banderines.
Al día siguiente, el viernes, la postal se trasladó al balneario Brisas de Nueva Palmira. El sol acompañó una tarde que volvió a ser gratuita y pensada para todas las edades. La escena se repitió con otros protagonistas y la misma energía: padres que filmaban con el celular, madres que repartían agua y protector solar, niños que no querían irse cuando el reloj empezaba a marcar el final.
La Kermesse no fue solo una suma de juegos. Fue una pausa en el calendario, un acuerdo tácito para bajar el ritmo y compartir. En cada risa, en cada premio sencillo, el verano encontró su forma más elemental: estar juntos, sin apuro, al aire libre.



























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