Las lluvias torrenciales que cayeron sobre el centro de Argentina durante el último fin de semana —impulsadas por un proceso de ciclogénesis— provocaron una emergencia sin precedentes en zonas clave para la producción agrícola. En algunas regiones, como Córdoba, se acumularon más de 300 milímetros de agua en pocas horas, un volumen que excede ampliamente los promedios históricos y que ha causado el anegamiento de campos, la paralización de cosechas y serios daños económicos a miles de productores.
La información fue divulgada por MetSul Meteorología, que advirtió sobre los efectos devastadores del evento climático y sus consecuencias para la agricultura nacional.
La zona núcleo, bajo el agua
Los departamentos de Bolívar, Carlos Casares y 9 de Julio, ubicados en la denominada zona núcleo agrícola, enfrentan una de las peores inundaciones de la última década. En Bolívar, el productor Leandro Lanzinetti estima que el 60 % de las 500.000 hectáreas del municipio están completamente inundadas.
“Miles de hectáreas permanecen sin producir ni pagar impuestos”, afirmó Lanzinetti a MetSul.
En Carlos Casares, el panorama es aún más dramático. La acumulación de 1.500 milímetros en los últimos doce meses —frente a un promedio de 950 mm— ha provocado la pérdida parcial o total de cultivos de verano como soja, maíz y girasol, mientras que las tareas de cosecha y siembra han quedado prácticamente detenidas.
Campaña de invierno cancelada
El trigo, principal cultivo de invierno y uno de los pilares de la exportación argentina, no logró sembrarse en la mayoría de las zonas afectadas. Según testimonios locales recogidos por MetSul, apenas se cubrió una fracción mínima de la superficie planificada. “Básicamente, no se pudo sembrar”, lamentó Lanzinetti. Las perspectivas para la próxima temporada de verano son igualmente sombrías: con suelos saturados y sin drenaje natural, la siembra de maíz y soja podría retrasarse hasta noviembre, comprometiendo el ciclo productivo completo.
Sin seguros, sin caminos y sin salida
La magnitud del desastre ha expuesto otra arista crítica: la falta de cobertura de seguros para eventos climáticos extremos. Muchos productores, especialmente los arrendatarios que asumen el 100 % del riesgo productivo, enfrentan la posibilidad de la quiebra.
Además, los granos almacenados en silobolsas han quedado bajo el agua, lo que impide su venta. El cierre de caminos rurales, en tanto, bloquea el transporte de insumos y la evacuación de cosechas.
Una crisis que va más allá del clima
Para las organizaciones del agro, el desastre actual no es sólo consecuencia del clima, sino de décadas de abandono estatal. La falta de inversión en infraestructura hídrica, como canales de drenaje y sistemas de escurrimiento, agrava los impactos de cada evento meteorológico. Un ejemplo paradigmático es la paralización de las obras del río Salado, un proyecto largamente prometido que podría haber mitigado el impacto de esta tormenta.
“Un proyecto estratégico como el Salado podría no evitar la lluvia, pero sí reducir su impacto y acelerar el drenaje”, advirtió la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap).
La Bolsa de Comercio de Rosario alertó que el trigo, que hasta la semana pasada se encontraba en buenas condiciones, ahora corre riesgo por inundaciones y enfermedades asociadas al exceso hídrico.
Falta de planificación: la verdadera amenaza
Las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) fueron contundentes: la crisis es estructural. Cada evento climático se transforma en catástrofe por la ausencia de políticas públicas sostenidas y planificadas. “Sin una acción inmediata, el mayor motor productivo del país seguirá a merced de inundaciones incontrolables”, advirtieron.
Vía: MetSul Meteorología



























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