Las sucesivas nevadas registradas en la cordillera de los Andes provocaron dificultades logísticas entre Argentina y Chile, pero también impulsaron la temporada turística y reforzaron las reservas de agua para los próximos meses.
La provincia argentina de Mendoza atraviesa uno de los inviernos con mayor acumulación de nieve en al menos dos décadas. Desde mediados de julio, varias tormentas afectaron la zona montañosa y obligaron a desplegar operativos de asistencia y evacuación.
Unos 300 turistas fueron trasladados desde Puente del Inca hacia Penitentes debido al deterioro de las condiciones meteorológicas, con fuertes vientos, baja visibilidad y riesgo para la circulación. En el procedimiento participaron efectivos de la Gendarmería Nacional, la Policía de Mendoza y organismos de seguridad vial.
Las nevadas también mantienen cerrado desde hace 19 días el Paso Internacional Cristo Redentor, principal conexión terrestre entre Argentina y Chile. La interrupción generó un importante cuello de botella: alrededor de 1.800 camiones permanecen a la espera de la reapertura, mientras otros transportistas utilizan pasos alternativos por la provincia de Neuquén.
El escenario es diferente en los centros de esquí. Las Leñas, en el departamento de Malargüe, recibe más de 3.500 visitantes por día y cuenta con buenas condiciones de nieve en la mayoría de sus pistas. La actividad favorece a hoteles, restaurantes y servicios vinculados al turismo de invierno.
Los modelos meteorológicos indican que las nevadas continuarán. Además de los trastornos inmediatos, la acumulación podría mejorar el caudal de ríos, embalses y sistemas de riego durante la primavera y el verano, tras varios años de escasez hídrica.


























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