El riesgo asociado a El Niño no depende solamente de una tormenta o de una jornada con grandes acumulados de lluvia. También se construye con el paso del tiempo, cuando las precipitaciones se repiten y las cuencas tienen cada vez menos capacidad para absorber nuevos volúmenes de agua.
MetSul Meteorologia señaló que las proyecciones muestran una intensificación del actual episodio de El Niño. Según el servicio brasileño, sus efectos sobre la circulación atmosférica podrían aumentar durante el resto del invierno, alcanzar mayor intensidad en primavera y mantenerse durante buena parte o la totalidad del verano.
La advertencia pone el foco en un aspecto que no siempre resulta visible: el estado previo del territorio. Después de varios episodios de lluvia, los ríos, lagos, represas, suelos y humedales pueden permanecer en niveles elevados o con una mayor saturación.
En esas condiciones, una nueva ronda de precipitaciones intensas puede generar una respuesta más rápida. El agua encuentra menor capacidad de absorción, aumenta el escurrimiento y los cursos fluviales pueden crecer en menos tiempo que durante un periodo seco.
MetSul explica que cada evento deja condiciones que influyen sobre el siguiente. Por ese motivo, los impactos pueden aumentar incluso cuando una nueva lluvia no supera los registros del episodio anterior.
El planteo permite comprender por qué la vigilancia meteorológica debe complementarse con el seguimiento de las cuencas. No alcanza con observar cuántos milímetros se anuncian para una jornada: también importa cuánto llovió antes y cuál es la situación de los ríos y los suelos.
El informe citado se refiere al comportamiento regional analizado por MetSul y no incluye una proyección específica para Uruguay. Cualquier posible impacto en el país deberá evaluarse a partir de los pronósticos y avisos emitidos para el territorio nacional.

























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