Las redes sociales, convertidas desde hace tiempo en una vidriera cotidiana para vender y comprar, volvieron a quedar en el centro de una maniobra delictiva en el departamento de Colonia. En las últimas horas se conocieron dos denuncias por estafa vinculadas a operaciones realizadas por internet: en un caso, un vendedor entregó un dron tras recibir un comprobante falso de transferencia; en el otro, una compradora pagó por muebles ofrecidos en Facebook, pero nunca recibió los artículos ni volvió a tener contacto con el supuesto vendedor.
El primero de los episodios fue denunciado el pasado 30 de marzo en la Seccional 7. Allí se presentó un ciudadano que relató haber puesto a la venta un dron a través de redes sociales. Según declaró, fue contactado por un presunto comprador y, tras acordar la operación en 39.000 pesos, recibió un comprobante de transferencia bancaria que aparentaba confirmar el pago.
Con esa constancia en su poder, el vendedor resolvió enviar el artículo. Sin embargo, más tarde advirtió que el dinero nunca había sido acreditado en su cuenta. El comprobante, según pudo constatar luego, era apócrifo. La maniobra ya estaba consumada: el producto había sido despachado y el pago no existía.
El segundo caso tuvo como escenario a Juan Lacaze. Una ciudadana se presentó en la Seccional 8 para denunciar una estafa ocurrida durante un intento de compra a través de Facebook. De acuerdo con lo expuesto, la mujer se contactó con un vendedor para adquirir muebles ofrecidos en esa red social. En el marco de la negociación, realizó un giro por 16.800 pesos, pero los artículos nunca fueron entregados.
Tras efectuar el pago, la denunciante perdió toda posibilidad de contacto con la contraparte. No recibió la mercadería ni obtuvo nuevas respuestas del supuesto vendedor, en una modalidad que se repite con frecuencia en las plataformas digitales: perfiles que ofrecen productos, cobran por adelantado y desaparecen.
Ambos casos, aunque distintos en su mecánica, revelan una misma trama: el traslado del delito al terreno de la confianza digital. En uno, la maniobra se apoyó en la circulación de un comprobante falso para inducir a la víctima a desprenderse del bien. En el otro, el engaño se construyó desde una oferta atractiva, el pedido de pago previo y el corte abrupto del vínculo una vez recibido el dinero.
Las actuaciones continúan y la Policía trabaja en las investigaciones para intentar identificar a los responsables. Mientras tanto, los episodios vuelven a mostrar cómo el ciberdelito se filtra en prácticas cotidianas, allí donde una publicación, un mensaje privado o una aparente transferencia bastan para poner en marcha una estafa.
En el departamento, las dos denuncias dejan una advertencia concreta: detrás de una operación simple en redes sociales puede esconderse una maniobra delictiva cuidadosamente diseñada, capaz de convertir una compra o una venta común en una pérdida económica inmediata.


























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