Llueve en la memoria antes que en el cielo. En el Carmelo de hace décadas, el agua no era una excepción sino una forma de vida: los patios se inundaban, las calles se volvían bañado y, al caer la noche, un coro persistente anunciaba que algo estaba ocurriendo. No era música, aunque se le parecía. Eran ranas.
De ese sonido —áspero, insistente, vital— nace Concierto de ranas, un proyecto impulsado por el concejal del Frente Amplio Brian Brajus junto al concejal nacionalista Williams Fernández que proponen convertir un recuerdo barrial en patrimonio vivo. La escena elegida no es casual: el barrio Saravia, uno de los más antiguos y transformados de Carmelo, donde la infancia tuvo barro en los pies y la noche un sonido propio.
La idea llegará al municipio como expediente, pero antes fue conversación, evocación, relato compartido. Brajus habla de ranas, pero también de identidad, de niñez, de turismo que no se mide solo en visitantes sino en historias que merecen ser contadas.
—Concierto de ranas suena más a una obra artística que a un proyecto municipal. ¿De dónde viene ese nombre?
—Justamente de eso. Del cruce. Mucha gente piensa primero en algo musical, otros en algo científico. Pero el origen es barrial. El barrio Saravia antes era todo un bañado. Cuando llovía, las ranas aparecían por todos lados y ese sonido nocturno marcaba la vida cotidiana. Era parte del paisaje sonoro del barrio.
—Un paisaje que hoy ya no existe.
—Exacto. Y ahí aparece la idea de memoria. Vecinos más grandes recuerdan que, en esos días de lluvia, se pescaban ranas y se vendían al viejo Hotel Casino Carmelo. Era trabajo, era subsistencia, pero también era comunidad. Eso se fue perdiendo con el tiempo y la urbanización.
—¿Qué propone concretamente el proyecto?
—La creación de una escultura en la plaza del barrio. Una obra con niños, con agua, con esa sensación de inundación que marcó la historia del lugar. Pero no como un monumento frío: queremos que sea una escultura viva, con vegetación adecuada, con materiales que respeten el ambiente.
—También hay una dimensión digital.
—Sí. A través de un código QR integrado a la obra. Con el concejal suplente Williams estuvimos recopilando fotos, documentos, relatos de vecinos. Historias de infancia, de trabajo, de cómo se vivía el barrio. La idea es que quien pase por ahí pueda escuchar esas voces.
—En lo que contás aparece mucho la niñez.
—Porque la niñez es memoria pura. Todos tenemos recuerdos asociados a sonidos, a olores. El ruido de las ranas después de la lluvia era eso: una señal. Como si el barrio festejara que volvía el agua. Yo creo que ese recuerdo es transversal, emociona incluso a quien no vivió ahí.
—¿Por qué llevar esto al ámbito municipal?
—Porque creemos que la identidad barrial también es política pública. Carmelo se define como ciudad turística, pero el turismo no es solo hotelería. Es relato. Es historia. Es poder decir: este barrio es así, y esto fue lo que nos marcó.
—¿Cómo fue recibido el proyecto?
—Muy bien. Ya había sido aprobado en el marco del Plan Urbano Ambiental y ahora estamos dando seguimiento para definir ubicación, materiales, impacto ambiental. La idea es hacerlo bien, con cuidado.
—¿Pensás este proyecto como un caso aislado?
—No. Ojalá sea un eslabón más. La idea es ir barrio por barrio resignificando su historia. Darle identidad a cada lugar desde lo que fue y lo que es hoy.
—Hay algo llamativo: hablás de ranas y terminás hablando de turismo, urbanismo, cultura.
—Porque está todo conectado. Las ranas son una excusa, un disparador. Detrás está la pregunta por quiénes somos y qué queremos contar de nuestra ciudad.
—Si el proyecto ya existiera, ¿qué te gustaría ver?
—Un niño preguntándole a un adulto por qué hay una escultura de ranas. Y que ese adulto le cuente una historia. Con eso alcanza.
Cuando Brajus termina de hablar, el barrio Saravia parece quedar suspendido en esa imagen: una noche húmeda, una lluvia reciente, un coro animal celebrando el agua. El Concierto de ranas todavía no existe como obra, pero ya funciona como relato. Y a veces —como saben los barrios— eso es lo más importante.


























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