La madrugada avanzaba sobre Venezuela cuando, pocos minutos después de la una, el silencio se rompió. Mientras gran parte del país dormía, fuerzas especiales de Estados Unidos pusieron en marcha una operación militar relámpago cuyo objetivo era capturar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, acusados por Washington de narcoterrorismo.
Las primeras explosiones se registraron en instalaciones militares clave, especialmente en Caracas. Dos horas más tarde, el entonces presidente estadounidense Donald Trump confirmó que ambos habían sido detenidos y trasladados fuera del país.
Una fuente en el lugar, consultada por Carmelo Portal, nos informó que todo empezó 2.58 hora de Uruguay y Maduro fue capturado a las 4.59 hora de nuestro país. » se escucharon los bombardeos y sobre todo los aviones hicieron temblar los vidrios de los edificios,» señaló.
La misión, denominada Operación Resolución Absoluta, llevaba cuatro días de preparación intensiva y meses de planificación previa. Según explicó el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, la intervención fue diseñada para ejecutarse con rapidez, precisión y bajo el amparo de la noche. Para facilitar la visibilidad, los mandos esperaron condiciones astronómicas favorables y aprovecharon la llamada “luna del lobo”, una superluna que iluminó el cielo en la madrugada del 2 de enero.
Trump siguió el desarrollo de la operación en tiempo real desde su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, acompañado por asesores militares y personal de inteligencia. Horas después, describió la incursión como una acción de alta velocidad, con comandos que forzaron accesos blindados y actuaron durante segundos decisivos.
El núcleo del operativo estuvo a cargo de la unidad Delta Force y del 160th Special Operations Aviation Regiment, conocidos como los “Acechadores Nocturnos”. Una docena de helicópteros —Chinook, Black Hawk y Little Bird modificados— ingresaron a baja altura, cubiertos por un amplio despliegue aéreo que incluyó cazas F-22, F-35 y F-18, además de bombarderos B-1 y drones de vigilancia. En total, más de 150 aeronaves participaron desde bases terrestres y portaaviones desplegados en el hemisferio occidental.
Antes del ingreso a la capital, las fuerzas estadounidenses inutilizaron sistemas de defensa aérea y cortaron el suministro eléctrico en amplias zonas de Caracas para garantizar la oscuridad. Los ataques se concentraron en puntos estratégicos como la base aérea de La Carlota y el complejo militar de Fuerte Tiuna, con el objetivo de limitar cualquier respuesta.
Fuentes militares indicaron que la ubicación de Maduro fue confirmada gracias a información de inteligencia obtenida durante meses, con participación de agencias como la CIA, la NSA y la NGA. Pese a las estrictas medidas de seguridad del mandatario —que cambiaba de residencia con frecuencia y contaba con un fuerte anillo de protección—, las fuerzas especiales lograron irrumpir en el complejo y concretar la captura.
Según el relato oficial, los helicópteros llegaron al objetivo a la 1.01 de la madrugada (hora del este de Estados Unidos). Durante la extracción, las aeronaves recibieron fuego desde tierra y respondieron, resultando dañada una de ellas, aunque pudo ser recuperada. Dos militares estadounidenses sufrieron heridas leves.
Maduro y Flores fueron trasladados primero a un portaaviones y luego enviados en avión a Nueva York, donde enfrentarían a la justicia estadounidense. Tras confirmar el éxito de la misión, Trump lo anunció públicamente a través de su red social y notificó posteriormente a los líderes del Congreso, amparándose en sus atribuciones constitucionales como comandante en jefe.
La operación, largamente anticipada por analistas desde finales del año anterior, marca un punto de inflexión en la política de Washington hacia Caracas y abre un escenario de consecuencias aún inciertas para la región.



























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