En una tarde de jueves, en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional Adela Reta, el gesto fue menos de anuncio que de enunciación. El Servicio Oficial de Difusión, Radiotelevisión y Espectáculos —el Sodre— presentó su Temporada 2026 y, con ella, los lineamientos estratégicos que ordenarán su gestión hasta 2030. El énfasis no estuvo puesto en el brillo del repertorio, sino en la arquitectura de fondo: territorio y formación como ejes de una política cultural que busca persistencia antes que estridencia.
Luis Pérez Aquino, presidente del Consejo Directivo, articuló esa idea con una frase simple: planificar desde el territorio. La descentralización, explicó, no se reduce a giras ocasionales ni a extensiones simbólicas del escenario montevideano. Implica construir circulación: que el Sodre viaje, pero también que los públicos del interior encuentren condiciones para llegar al Auditorio Nacional. La cultura como ida y vuelta, no como concesión.
Ese principio tomó forma concreta con el lanzamiento de Entre pueblos y escenarios, un programa desarrollado junto a Espacios MEC. La primera experiencia fue casi una escena inaugural: cien personas de Lavalleja y Florida asistieron a Carmina Burana, interpretada por el Ballet Nacional del Sodre. No se trató de una invitación protocolar, sino de una apuesta logística y simbólica por el acceso.
El segundo pilar —la formación— se presentó como una política de largo aliento. Las Escuelas de Formación Artística del Sodre fueron definidas no solo como espacios de enseñanza técnica, sino como ámbitos de ciudadanía cultural. Allí, sugirió Pérez Aquino, se juega una parte decisiva del futuro artístico del país: la profesionalización, la continuidad y la posibilidad de que el sistema cultural no dependa únicamente del talento excepcional, sino de estructuras sostenidas.
Hubo también un momento para la memoria. El Archivo de la Imagen del Sodre apareció como una reserva activa, no como un depósito. Preservar, fortalecer y proyectar ese acervo fue presentado como una tarea estratégica: entender de dónde viene la institución para decidir hacia dónde se dirige. En tiempos de innovación acelerada, la memoria funcionó aquí como una forma de método.
El Plan Estratégico 2025–2030 se organiza en cuatro ejes —producción artística, formación, descentralización y fortalecimiento institucional— que buscan preparar al Sodre para su centenario. La palabra clave no fue modernización, sino coherencia: una institución pública, transparente y cercana, capaz de dialogar con públicos diversos sin diluir su exigencia artística.
La Temporada 2026, anunciada a través de un video institucional, confirmó esa lógica. Ópera, ballet, música sinfónica, coral y de cámara convivirán con nuevas producciones, reposiciones, coproducciones y giras nacionales. Se sumarán proyectos interdisciplinarios entre los elencos estables y acciones orientadas a la formación de públicos. El cierre, sin embargo, condensó el espíritu general: no será en Montevideo, sino en el Real de San Carlos, en Colonia. Allí, el 19 de diciembre, la Orquesta Sinfónica Nacional, el Coro Nacional y el Ballet Nacional del Sodre compartirán una gala lírica con la participación de la soprano María José Siri.
Más que una programación, el Sodre presentó una idea de continuidad. En un campo cultural acostumbrado a los anuncios ruidosos, la institución eligió otro tono: el de una partitura que se escribe a varias manos, en distintos territorios, con la convicción de que la cultura pública no se impone; se construye.



























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