Dos denuncias recientes por estafas en la compra de vehículos en Nueva Helvecia y Conchillas muestran un problema que va más allá del engaño económico: la confianza que las personas depositan en aquello que ven en las redes sociales.
En ambos casos, según las denuncias policiales, las víctimas encontraron vehículos publicados en redes y realizaron transferencias antes de llegar a las automotoras. Una perdió 3.600 dólares y otra depositó una seña de 19.000 pesos. Al presentarse en los comercios descubrieron que las publicaciones no pertenecían a esas empresas.
Las maniobras aprovechan una característica cotidiana de internet: una publicación puede parecer verdadera porque utiliza fotografías, nombres de comercios y formas de comunicación similares a las de una empresa real.
Las redes sociales también modificaron la manera en que se construye la confianza. Antes, conocer un comercio implicaba entrar a un local, hablar con un vendedor o recibir la recomendación de otra persona. Hoy, una página, fotografías y mensajes pueden generar una primera impresión de legitimidad sin que exista un contacto presencial.
El problema aparece cuando esa apariencia se transforma en certeza.
Los dos casos ocurridos en el departamento de Colonia muestran precisamente esa distancia entre lo que parece existir en la pantalla y lo que existe fuera de ella. La publicación, el vehículo y hasta la automotora pueden ser reconocibles. Lo falso puede estar solamente en quién está detrás del teléfono.
En las redes, entonces, ver ya no significa necesariamente comprobar. Y esa diferencia se vuelve fundamental cuando una publicación termina en una transferencia de dinero.
























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