Por Miguel Guaraglia
En Carmelo, la recolección de residuos se sostiene sobre dos camiones, recorridos reorganizados y funcionarios que, cuando una unidad se rompe, cambian la mañana por la tarde y pueden terminar su jornada cerca de la noche. El servicio continúa, pero su regularidad depende cada vez más de una maquinaria desgastada y de una capacidad de respuesta sin demasiado margen.
El alcalde Luis Pablo Parodi reconoció que la flota atraviesa una situación compleja. Las roturas se volvieron frecuentes y, durante la semana anterior a la entrevista, los dos camiones dejaron de funcionar el mismo día. Uno presentó una falla vinculada al exceso de peso en un contenedor donde se habían depositado escombros y otros materiales inadecuados. La presión provocó la rotura de una manguera del mecanismo encargado de levantarlo.
Ese episodio, sin embargo, explica solamente una parte del problema.
Un servicio que se reorganiza cuando falla un camión
Los dos recorridos de recolección están previstos para la mañana. Cuando uno de los vehículos entra al taller, el Municipio utiliza una sola unidad en dos turnos: completa un recorrido por la mañana y el otro por la tarde o la noche.
Parodi explicó que la actual administración decidió no contratar camiones privados durante esos períodos. La medida permite evitar el costo de un alquiler, pero traslada la presión hacia los funcionarios y el vehículo que permanece operativo.
Los trabajadores deben modificar sus horarios y, en algunos casos, finalizar las tareas a las 21.00 o 22.00. Después de cada recorrido, el camión debe viajar hasta la planta de transferencia y regresar vacío, porque no puede permanecer cargado hasta el día siguiente.
Hasta ahora, según el alcalde, las fallas no provocaron la suspensión de la recolección. Sí alteraron los horarios y obligaron a extender las jornadas.
Ese dato resume la situación: el sistema funciona, pero lo hace mediante ajustes cada vez que pierde una de sus piezas.
Cuarenta y dos kilómetros que aceleran el desgaste
Parodi identificó la distancia hasta la planta de transferencia como uno de los principales factores que afectan a los recolectores. Cada unidad debe recorrer unos 42 kilómetros desde Carmelo para descargar los residuos.
De acuerdo con las consultas realizadas por el Municipio a los talleres de la Intendencia, estos vehículos no están diseñados para circular de manera constante por carretera. El peso se concentra principalmente en el eje trasero y el viaje reiterado incrementa el desgaste mecánico.
El trayecto también representa un costo operativo. Entre los dos camiones, el traslado insume unas ocho horas diarias de trabajo, según los cálculos expuestos por el alcalde. Ese tiempo equivale a un recorrido adicional que podría realizarse dentro de la ciudad.
La planta de transferencia resolvió el destino de los residuos, pero agregó una distancia que ahora forma parte del deterioro de las unidades y de la organización cotidiana del servicio.
Reparar, sustituir o dejar de hacer obras
El Municipio no tiene todavía una fecha definida para renovar los camiones. Parodi evitó calcular su vida útil porque, según señaló, esa evaluación corresponde a los técnicos. Confirmó, no obstante, que una de las unidades será detenida para una reparación de importancia.
El problema no se limita a los recolectores. Una de las dos retroexcavadoras municipales también se encuentra prácticamente fuera de servicio y necesita ser reemplazada con urgencia.
La discusión, entonces, no consiste solamente en decidir qué vehículo comprar. Consiste en determinar qué obra deberá postergarse para financiarlo.
Parodi planteó la disyuntiva de forma directa: el Municipio deberá evaluar si en 2027 ejecuta obras de cordón cuneta en barrios como Molino y Complejo, completa trabajos en barrio San José y avanza en algunas cuadras del Saravia, o destina esos recursos a una retroexcavadora o un nuevo camión recolector.
La basura entra así en competencia con la infraestructura urbana. Comprar maquinaria garantiza un servicio básico, pero reduce la capacidad de ejecutar obras visibles. No comprarla preserva esas inversiones, aunque prolonga la dependencia de vehículos que ingresan reiteradamente al taller.
Un problema que supera a Carmelo
La crisis de la flota no es exclusivamente local. Parodi afirmó que otros municipios del departamento atraviesan dificultades similares y deben prestarse camiones cuando una unidad queda fuera de servicio.
Nueva Palmira tendría problemas más graves con su recolector, mientras Rosario y Juan Lacaze intercambian vehículos con frecuencia. Colonia del Sacramento también redujo su disponibilidad después de distribuir unidades hacia otras zonas y sufrir roturas.
El tema fue planteado en la mesa de alcaldes y se encuentra en conversación con el Ejecutivo departamental. Algunas autoridades municipales, según relató Parodi, llegaron a considerar la posibilidad de devolver la responsabilidad operativa de la recolección a la Intendencia.
La discusión incluye una zona de tensión institucional. Los municipios realizan la recolección, pero Parodi sostuvo que la Intendencia debe proporcionar los suministros y los camiones necesarios. Ante la falta de recursos departamentales, algunas localidades financiaron unidades mediante partidas de sus planes operativos, con aportes compartidos.
Para Carmelo, ese mecanismo significaría utilizar dinero previsto para inversiones locales con el fin de mantener un servicio que no puede detenerse.
El riesgo no está en la basura acumulada, sino en el margen que se achica
El sistema no colapsó. Las bolsas siguen siendo retiradas y los camiones continúan descargando, incluso de noche. Pero la ausencia de una interrupción no equivale a la inexistencia del problema.
La advertencia surge de la frecuencia de las fallas, de la imposibilidad de sustituir rápidamente las unidades y de una red departamental en la que casi todos los municipios necesitan ayuda al mismo tiempo. El préstamo de un camión funciona cuando otra localidad tiene uno disponible. Pierde eficacia cuando el desgaste afecta a toda la flota.
También existe una responsabilidad ciudadana. Los contenedores destinados a residuos domiciliarios reciben escombros y materiales cuyo peso puede dañar los sistemas hidráulicos. Cada uso indebido agrega presión a equipos que ya trabajan en condiciones exigentes.
La recolección de residuos suele volverse visible cuando falla. Mientras funciona, queda reducida a un sonido en la calle y a un contenedor vacío. Detrás de ese gesto cotidiano hay ahora dos camiones que recorren decenas de kilómetros, trabajadores con horarios variables y una decisión presupuestal que Carmelo deberá tomar.
La pregunta ya no es únicamente cuánto tiempo pueden seguir reparándose las unidades. La cuestión central es cuánto está dispuesta a postergar la ciudad para sustituirlas antes de que una nueva rotura deje de ser una demora y se convierta en una interrupción.

























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