La propuesta de crear un parque lineal en la franja lindera a la ruta 21, entre la plazoleta Dante Alighieri y la calle Dr. Eduardo Irastorza, empezó a recorrer el camino institucional en la Junta Departamental de Colonia. La iniciativa, presentada por el edil Javier Sallé, del MPP-Frente Amplio, fue remitida a la comisión de Obras Públicas y Urbanismo, donde comenzará su análisis.
En el plano formal, se trata de una idea concreta de intervención urbana. Un parque lineal es un espacio público cuya longitud supera ampliamente su ancho y que suele desarrollarse sobre corredores como avenidas, costas, antiguas vías férreas o rutas. Suelen combinar áreas verdes, recorridos peatonales, ciclovías y zonas de permanencia, al tiempo que conectan sectores de la ciudad que muchas veces aparecen fragmentados.
Pero en Carmelo la propuesta también habilita una discusión más amplia. No solo pone en consideración una obra; pone en juego una manera de mirar el espacio urbano. Ese tramo junto a la ruta 21 puede pensarse como una franja de paso, marcada por la circulación, o como un lugar capaz de articular movilidad, paisaje y uso cotidiano.
Ahí aparece una dimensión que va más allá del diseño. El geógrafo Michel Lussault ha planteado que el espacio no es simplemente el escenario donde ocurren las cosas, sino una construcción social: una forma en que las personas organizan distancias, vínculos, usos y presencias. Traducido a escala local, eso significa que una ciudad no se define solo por sus calles y edificios, sino también por la manera en que convierte ciertos tramos en lugares habitables, transitables y compartidos.
En ese sentido, un parque lineal no sería solo un agregado paisajístico sobre la ruta. Podría transformarse en una pieza de conexión entre sectores de la ciudad, en un área de uso público y en una forma distinta de relacionarse con un borde urbano que hoy está asociado, sobre todo, al tránsito vehicular. La propuesta introduce, así, una pregunta concreta sobre Carmelo: cómo transformar un espacio lateral, disperso o residual en una parte activa de la vida urbana.
La iniciativa de Sallé funciona, en ese marco, como un disparador. Lleva a pensar que los espacios no son neutros y que una ciudad también se construye en la forma en que ordena sus márgenes, sus recorridos y sus puntos de encuentro. En una ciudad de escala intermedia como Carmelo, donde la cercanía entre paisaje, barrio y circulación forma parte de la experiencia cotidiana, ese tipo de discusión adquiere un peso propio.
Por ahora, el proyecto ingresó a comisión. Pero aun en esa etapa inicial, ya instaló una pregunta de fondo: qué hacer con esos espacios que muchas veces se cruzan todos los días, aunque no siempre se piensen como parte de la ciudad que se quiere construir.


























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