Por Lic. Elio García Clavijo
La extracción de palmeras afectadas por el picudo rojo en el tramo entre Riachuelo y el acceso a Colonia del Sacramento abre una pregunta que va más allá del retiro de unos 50 ejemplares enfermos. Lo que está en juego no es solo una intervención sanitaria sobre árboles dañados, sino la continuidad de un paisaje que forma parte de la manera en que Colonia se presenta ante quienes llegan por ruta 1.
Ese túnel de palmeras cumple una función que no siempre se mide en términos técnicos. Ordena la entrada, anuncia un destino y construye una primera imagen. Para el visitante, funciona como antesala de una ciudad reconocida por su valor histórico y patrimonial. Para los habitantes del departamento, integra una memoria cotidiana: está ahí desde hace décadas, acompaña viajes, regresos, traslados de trabajo, paseos familiares. Su valor no reside únicamente en cada ejemplar, sino en el conjunto.
La pérdida, por eso, puede leerse en varios planos. En lo paisajístico, la desaparición progresiva de palmeras modifica una escena reconocible. Donde había continuidad, ritmo y sombra visual, comienzan a aparecer claros. En lo simbólico, se debilita una señal de identidad asociada al acceso a Colonia del Sacramento. En lo patrimonial, el riesgo es que el deterioro avance antes de que existan herramientas suficientes para preservar, reponer o gestionar el conjunto con una mirada de largo plazo.
La presentación de un expediente ante el Ministerio de Educación y Cultura para declarar el tramo como Patrimonio Nacional apunta precisamente a ese reconocimiento. No se trata solo de proteger árboles aislados, sino de admitir que un paisaje también puede ser portador de historia, cultura e identidad. La eventual declaración permitiría sumar recursos y responsabilidades institucionales, en un momento en que la plaga obliga a tomar decisiones urgentes.
El desafío es complejo porque hay dos necesidades simultáneas. Por un lado, retirar los ejemplares comprometidos puede ser necesario para evitar riesgos y contener el avance del picudo rojo. Por otro, cada extracción confirma que el tiempo disponible para actuar es limitado. La discusión central no debería quedar reducida a cuántas palmeras se sacan, sino a qué estrategia se define para que el conjunto no pierda su sentido.
Cuando un paisaje se deteriora lentamente, la pérdida puede parecer menor al principio. Un ejemplar menos, luego otro, después un tramo raleado. Pero en algún momento cambia la percepción completa del lugar. La pregunta de fondo es si Colonia está frente a una emergencia vegetal o ante una pérdida patrimonial en curso. Probablemente sean ambas cosas. Y por eso la respuesta requiere coordinación, recursos y una mirada que entienda que también se conserva una ciudad cuidando la forma en que se llega a ella.



























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