Tras diez años de gestión ininterrumpida, el teniente coronel Alfredo Agustín Graña dejó la dirección de los aeropuertos internacionales de Colonia y Carmelo y fue sustituido por el mayor Carlos Alberto Vaucheret, en un relevo que marca el cierre de un ciclo prolongado en la conducción de dos terminales aéreas con peso específico en la conectividad del departamento.
El cambio no aparece como un movimiento aislado. Por el contrario, ordena una transición dentro de la estructura aeronáutica estatal: Graña dejará sus funciones en el territorio para pasar a la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA), mientras Vaucheret asume la conducción de ambas unidades en una etapa que exigirá continuidad operativa y seguimiento de los procesos en marcha.
La salida de Graña después de una década al frente de los aeropuertos de Colonia y Carmelo representa el final de una administración extensa, atravesada por transformaciones en la infraestructura local y por la consolidación del funcionamiento de ambas terminales dentro del esquema aeroportuario nacional. Diez años en un mismo cargo, en este tipo de responsabilidades, no sólo suponen estabilidad de mando: también permiten leer una etapa con criterios, prioridades y formas de conducción que terminan dejando marca en la operativa cotidiana.
La llegada de Vaucheret, en ese contexto, abre una fase de continuidad institucional, pero también de evaluación. El nuevo jerarca asume en un momento en que el aeropuerto de Carmelo ha ganado centralidad a partir de inversiones recientes, lo que vuelve más visible la necesidad de sostener niveles de operatividad, control y seguridad en un punto considerado estratégico para el ingreso regional.
El relevo, entonces, puede leerse en dos planos. En uno administrativo, supone la sustitución natural de una jefatura de largo aliento por otra que deberá afirmarse en la gestión diaria. En otro más amplio, reubica a los aeropuertos de Colonia y Carmelo dentro de una agenda donde infraestructura, conectividad y regulación aparecen cada vez más vinculadas.
Más que una simple ceremonia de cambio de mando, el movimiento señala el cierre de una etapa de diez años y el comienzo de otra en la que la principal variable será la capacidad de sostener lo realizado y administrar los desafíos que plantea el desarrollo aeroportuario del departamento.


























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