A cinco kilómetros de Carmelo, en el paraje Cerro Carmelo, se levanta la granja donde nació la Bodega Cis, una casa vitivinícola fundada en 1918 que unió la vida de una familia con la tierra y la vid.
Hoy, tras más de un siglo de historia, la empresa sigue en funcionamiento, pero la familia decidió poner en venta el establecimiento. No se trata de un cierre, sino de entregar la posta: que otros continúen el vínculo con un vino entrañable que aún se produce y mantiene viva su esencia.
La casa principal conserva el pulso de los días: tres dormitorios, cocina, estar, baño, un living con estufa a leña. Afuera, dos galpones antiguos custodian la memoria de generaciones que hicieron del trabajo rural una forma de vida.
La bodega
El corazón del predio es la Bodega Cis, fundada a principios del siglo pasado, con capacidad para elaborar hasta 150.000 kilos de uva por año. Allí descansan herramientas que parecen hablar de otro tiempo pero que siguen activas: prensa, bombas, llenadora manual, lavadora de envases, equipo de frío, tapadora de corcho y filtro de placas. Entre muros de 350 metros cuadrados se elaboraron vinos que hoy forman parte de la identidad de Carmelo.
El viñedo y la tierra
Son quince hectáreas en total, de las cuales tres están plantadas con viñedos jóvenes, de doce años en promedio. Allí conviven Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Tannat, Chardonnay, Viognier y Moscatel de Hamburgo. Seis hectáreas son campo abierto; el resto, pasturas naturales donde se crían vacunos. Una cañada cruza el predio y ofrece agua permanente, mientras sauces y un monte natural completan el paisaje.
El tractor Iseki de 35 caballos de fuerza, la rotativa, la atomizadora, la disquera: las máquinas cuentan otra parte de la historia, la de las manos que año tras año cuidaron cada parra y sostuvieron la producción.
La posta de una tradición
La venta de la granja no borra lo que la Bodega Cis representa. La decisión familiar abre una nueva etapa: que otros tomen el testimonio y continúen un trabajo que se sostuvo por más de un siglo. En Carmelo, donde hablar de vino es hablar de identidad, la bodega sigue siendo un símbolo de la relación entre el hombre y la tierra, de la paciencia que exige la vid, del esfuerzo compartido en cada vendimia.
Más que una transacción, se trata de la transmisión de un patrimonio cultural y productivo que forma parte de la memoria local y que, al cambiar de manos, mantiene vivo el espíritu de los vinos que hicieron historia.



























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