En las tranquilas aguas del río de la Plata, Juan Pedro Motta no solo entrena. Enseña, acompaña, sueña. Es remero, profesor de Educación Física y, desde hace dos veranos, el rostro más visible de un proyecto que busca acercar el remo a quienes jamás imaginaron empuñar un par de remos.
Motta no es un nombre más en la lista del Club Colonia Rowing. Es quien se puso al frente de una escuela que comenzó con clases gratuitas en verano y que hoy crece con entusiasmo, a fuerza de vocación y compromiso. Su historia personal, tejida entre entrenamiento, docencia y comunidad, se entrelaza con la de decenas de niños y niñas que encontraron en el remo una oportunidad, un espacio, una pasión.
Ese crecimiento trajo consigo nuevos desafíos. Las ganas de los más jóvenes por continuar y competir exigían mejores condiciones y más herramientas. Así surgió la necesidad de incorporar un bote costal, una embarcación pensada para aguas abiertas que mejora la seguridad y permite entrenar al nivel de las competencias internacionales.
Gracias al apoyo del fondo concursable de Montes del Plata, esa necesidad encontró respuesta. El nuevo bote ya forma parte del club y permite a Motta y su equipo preparar a los remeros con estándares técnicos exigentes. “Este equipamiento, de calidad internacional, nos permite preparar a nuestros remeros para competir en condiciones similares a las de los Juegos Olímpicos”, explica Rodolfo Collazo, directivo del Club.
Lo importante de esta información es destacar el trabajo de una comunidad que se organiza en torno al deporte como motor de inclusión. Es la historia de un profesor que inspira desde el ejemplo, de chicos y chicas que se suman al agua con la ilusión de superarse, de una ciudad que vuelve a mirar el río como un espacio colectivo.
Juan Pedro Motta sigue ahí, sobre el bote o en la costa, enseñando a remar. Porque en Colonia, el remo es mucho más que un deporte: es un puente entre orillas, generaciones y futuros posibles.



























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