La Calera de las Huérfanas no es solo un conjunto de muros antiguos ni una referencia obligada para el turismo de Carmelo. Es, sobre todo, un sitio donde se cruzan varias capas de la historia regional: el legado jesuítico, la producción rural e industrial del siglo XVIII, la presencia indígena y afrodescendiente, la memoria rioplatense y el vínculo comunitario que durante décadas sostuvo su valor patrimonial.
Esa dimensión estuvo en el centro de la instancia realizada este martes 2 de junio en la Casa de la Cultura de Carmelo, convocada por la Intendencia de Colonia y el Ministerio de Turismo. Allí se llevó adelante la validación de la “Interpretación del sitio Estancia Belén-Calera de las Huérfanas”, mediante un intercambio con actores locales, técnicos e instituciones vinculadas al patrimonio, la cultura y el turismo.
La actividad reunió al arquitecto Gabriel González y a la arqueóloga Elena Vallvé, de la Dirección de Planeamiento y Patrimonio; al maestro Eduardo Barale y a la profesora Debbie Szwec, de la Escuela Taller de la Intendencia de Colonia; a los licenciados Andrea Schunk y Marcelo Bruno, del Ministerio de Turismo; al alcalde de Carmelo, Luis Pablo Parodi; a técnicos del Consejo Ejecutivo Honorario del Barrio Histórico; a integrantes de la Comisión Pro Calera de las Huérfanas; al director ejecutivo de la Asociación Turística del Departamento de Colonia, Juan Lenguas; además de vecinos y público en general.
El eje del encuentro fue la presentación de avances de la propuesta museográfica para la futura sala de interpretación del sitio, a cargo del equipo proyectista integrado por las licenciadas Patricia Villarmarzo y Leticia Zuppardi. La jornada permitió recibir aportes, comentarios y sugerencias de los participantes, en una etapa clave para definir cómo se explicará el valor histórico y cultural de la Calera a quienes la visiten.
La palabra “interpretación”, en este caso, tiene un alcance que supera lo técnico. Interpretar un sitio patrimonial implica seleccionar relatos, ordenar memorias, definir recorridos y construir una mediación entre las ruinas y el público. En la Calera, esa tarea adquiere una importancia particular porque el lugar concentra una historia compleja y de escala regional.
La Estancia de Belén fue fundada por la Compañía de Jesús en 1741 y llegó a ser uno de los principales establecimientos jesuíticos del actual territorio uruguayo. Según información del Ministerio de Turismo, tuvo una extensión aproximada de 140.000 hectáreas y una población cercana a 250 personas, con una estructura productiva agrícola, ganadera e industrial integrada al sistema de las misiones guaraníes. Allí se producían cal, ladrillos, tejas, textiles, alimentos y derivados ganaderos.
Ese pasado productivo es una de las claves para comprender el nombre del sitio. La producción de cal fue una actividad central, vinculada a los hornos que aún forman parte del paisaje patrimonial. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, la estancia pasó por distintas administraciones y parte de su producción fue destinada al sostenimiento del Colegio de Niñas Huérfanas de Buenos Aires, hecho que dio origen a la denominación actual: Calera de las Huérfanas.
El lugar también conserva una dimensión rioplatense. Entre 1770 y 1774 fue administrado por Juan de San Martín, padre del libertador José de San Martín, quien residió allí junto a su familia. Ese dato convierte al sitio en un espacio de memoria compartida entre Uruguay y Argentina, y le otorga una lectura histórica que trasciende el interés local.
Por eso, la futura sala de interpretación no será solamente un recurso turístico. También puede convertirse en una herramienta educativa y cultural para que la comunidad y los visitantes comprendan que la Calera forma parte de una historia más amplia: la de las misiones jesuíticas, la organización del trabajo en la colonia, las redes productivas del Río de la Plata y las memorias indígenas y afrodescendientes que también integran el sitio.
La iniciativa se inscribe en un proceso mayor de puesta en valor. El Ministerio de Turismo informó que la Calera de las Huérfanas integra el Programa de Desarrollo de Destinos Turísticos Emergentes, impulsado junto al Banco Interamericano de Desarrollo desde 2019. Las obras incluyen la consolidación de la capilla de la Estancia de Belén, la recuperación de muros, miradores, señalética en el sendero de los hornos de cal, mejoras en el parque de acceso y la renovación del Centro de Visitantes.
El desafío, sin embargo, no se agota en restaurar estructuras ni en mejorar servicios para el visitante. La cuestión de fondo es cómo transformar un sitio histórico en un espacio vivo, capaz de dialogar con Carmelo, con el departamento y con la región. En ese sentido, la participación de instituciones locales, técnicos, vecinos y organizaciones vinculadas a la defensa del patrimonio resulta central.
La Comisión Pro Calera de las Huérfanas y la comunidad local han tenido un papel sostenido en la preservación del sitio, según destaca el Ministerio de Turismo. Esa presencia comunitaria permite que el proceso no quede limitado a una intervención patrimonial desde afuera, sino que incorpore miradas del territorio y experiencias acumuladas por quienes han acompañado la historia reciente del lugar.
La Calera fue declarada Monumento Histórico Nacional y forma parte del Camino de los Jesuitas de América del Sur, circuito que articula sitios vinculados a la presencia de la Compañía de Jesús en la región. Esa inserción le da una proyección turística internacional, pero también plantea una responsabilidad: evitar que el patrimonio se reduzca a una postal y procurar que cada visita ayude a comprender el espesor histórico del sitio.
La instancia realizada en Carmelo marcó, por tanto, una etapa de consulta y construcción colectiva. La validación de la propuesta museográfica no solo define contenidos para una sala; también ordena una forma de narrar la historia. Y en un lugar como la Calera de las Huérfanas, narrar bien es parte de conservar.



























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