El 30 de abril, un vecino de Colonia Estrella envió un mensaje a Carmelo Portal para advertir sobre una situación que, a su entender, podía terminar mal. Señaló que en Ruta 21, a la altura del kilómetro 258, se estaban realizando trabajos de reparación con balastro, riego de liga —la llamada brea negra— y posterior colocación de piedra sobre la calzada.
No habló desde la teoría. Habló como vecino y usuario de la ruta. Advirtió que quienes pasaran por la mañana podían encontrarse, al regreso, con una ruta distinta: piedra suelta, sectores resbaladizos y condiciones de circulación modificadas en pocas horas.
Cinco días después, este martes 5 de mayo, en ese mismo kilómetro 258, ocurrió el siniestro que se temía. Un automóvil terminó volcado al costado de la carretera, con las ruedas hacia arriba.
Según relató la esposa del conductor en entrevista con Carmelo TV, su marido le comunicó telefónicamente que no pudo esquivar un cono, que había maquinaria en la ruta, mala señalización y tierra suelta. “Derrapó y terminó dándose vuelta; por suerte no dio contra los árboles”, explicó. El conductor logró salir por sus propios medios y fue trasladado para ser evaluado en un sanatorio.
No era un riesgo invisible
El punto central no es solo que hubo un accidente. El dato relevante es que el riesgo había sido advertido públicamente días antes.
Cuando una ruta cambia sus condiciones normales de circulación por obras, la prevención no puede quedar librada a la intuición del conductor ni al conocimiento previo de los vecinos. La señalización debe anticipar el peligro, ordenar la circulación y permitir que quien maneja entienda con claridad qué está ocurriendo antes de ingresar a la zona comprometida.
La propia Norma de Señalización de Obra de la Dirección Nacional de Vialidad establece que, cuando se ejecutan obras en una vía o en una zona cercana, pueden generarse condiciones cambiantes que afectan la circulación, y que esas situaciones deben atenderse con medidas técnicas apropiadas para reducir el riesgo de siniestros. También señala que la circulación en una zona de trabajo no es la habitual y puede sorprender a los usuarios, por lo que la señalización y la canalización resultan especialmente relevantes.
La pregunta que queda abierta
El siniestro deberá ser investigado por las autoridades competentes. Pero hay preguntas que ya no pueden evitarse: ¿la zona estaba correctamente señalizada?, ¿existía advertencia suficiente antes del tramo intervenido?, ¿la presencia de conos, maquinaria, tierra o piedra suelta estaba debidamente ordenada?, ¿había reducción de velocidad claramente indicada?, ¿se controló el estado de la calzada durante y después de los trabajos?
No se trata de dictar responsabilidades desde una redacción. Se trata de exigir que se determine si se cumplieron todos los pasos que corresponden cuando una obra altera la seguridad de una ruta nacional.
La normativa del Ministerio de Transporte y Obras Públicas establece que la señalización de una obra debe informar al usuario, ordenar la circulación y modificar su comportamiento frente a una situación no habitual. Además, indica que la señalización debe ser estudiada por el equipo proyectista y la dirección de obra, y no quedar confiada a personal no especializado o a instrucciones aisladas.
La seguridad vial también se construye antes del accidente
En materia de seguridad vial, el después suele ser tarde. Después llegan las pericias, las explicaciones, las versiones y las responsabilidades. Pero antes estuvo la advertencia de un vecino. Antes estuvo la preocupación por una ruta en obra. Antes estuvo el aviso de que las condiciones de circulación podían cambiar de un momento a otro.
La Norma de Señalización de Obra exige que cada intervención cuente con un Plan de Manejo de Tránsito, con responsables asignados para el diseño, aprobación, implementación y seguimiento. Ese plan debe procurar condiciones seguras de circulación, señalización clara y de fácil interpretación, inspecciones documentadas y un responsable designado y aprobado.
El accidente de este martes en Ruta 21 no puede leerse como un hecho aislado si cinco días antes ya existía una advertencia pública sobre el mismo tramo. La seguridad en las rutas no depende solo de la prudencia de quien conduce. También depende de cómo se planifican las obras, cómo se señalizan, cómo se controlan y cómo se responde cuando la gente advierte que algo puede pasar.
Esta vez, lamentablemente, pasó.

























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