El caso del frigorífico Rosario ya no aparece como un conflicto puntual, sino como una crisis prolongada con impacto muy fuerte en Rosario y más acotado, aunque relevante, en el conjunto de Colonia.
Rosario tiene 11.080 habitantes según el Censo 2023, mientras que el departamento suma 135.797; además, el último boletín departamental del INE para Colonia marcó 61,2% de actividad, 55,6% de empleo y 9,2% de desempleo en el trimestre móvil diciembre 2025-febrero 2026. En una ciudad de ese tamaño, 150 puestos industriales en suspenso pegan mucho más en comercio, servicios y consumo local que en el promedio departamental.
Administrando la crisis
Lo primero que muestran las fuentes oficiales es que el problema dejó de ser transitorio hace tiempo. El Estado encadenó regímenes especiales para sostener a estos trabajadores: la Ley 20.393 cubrió enero-marzo de 2025; la Ley 20.409 habilitó abril-junio de 2025; y la Ley 20.457 volvió a extender el amparo para octubre-diciembre de 2025. A eso se sumaron resoluciones del MTSS para instrumentar esas prórrogas. Cuando un conflicto necesita varias leyes y resoluciones excepcionales en un mismo año, el dato político y económico es claro: no hay una salida productiva estable, solo administración de la crisis.
Lo segundo es que el cuello de botella no parece ser solo “falta de habilitaciones”. Oficialmente, el Frigorífico Rosario fue rehabilitado para exportar a China en setiembre de 2022, y en 2025 siguió figurando en listados oficiales de establecimientos habilitados por MGAP, incluso en la nómina para carne fresca a la Unión Europea. Eso no descarta trámites pendientes o mercados específicos por completar, pero sí relativiza la idea de que el problema central sea meramente sanitario-administrativo. Más bien sugiere que las habilitaciones, por sí solas, no alcanzan para devolverle continuidad industrial a la planta.
Lo tercero es que al mirar la oferta ganadera, aunque conviene afinar la explicación. INAC informó que en 2024 la faena bovina total fue de 2.256.123 cabezas y que la faena de corral llegó a 370.046, equivalentes al 14,9% del total, con un aumento de 6,1% frente a 2023. Al mismo tiempo, la faena total de bovinos de 2024 quedó por debajo de la de 2023. El dato duro, entonces, es doble: hay más peso del engorde a corral dentro del negocio y hubo menos animales faenados en total que el año anterior. La inferencia razonable es que una planta como Rosario necesita no solo mercado para vender carne, sino un flujo regular de hacienda y una inserción competitiva en una cadena cada vez más concentrada y exigente.
A escala departamental, además, Colonia no es una gran base ganadera comparable con los departamentos más carniceros del país. El anuario de DIEA ubica el stock vacuno de Colonia en el entorno de 438 mil cabezas, y los estudios regionales del MGAP muestran a Colonia y el sur de San José como una zona más asociada a la lechería y a sistemas agrícola-lecheros que a la gran ganadería de cría. Eso importa porque una planta de faena instalada en un departamento con perfil más diversificado y lechero depende mucho de captar ganado de un radio más amplio o de integrarse mejor a circuitos nacionales de abastecimiento.
Lo cuarto es que la actividad reciente de la planta sigue siendo demasiado baja para hablar de normalización. En un corte de INAC de comienzos de febrero de 2026, correspondiente a enero, Rondatel aparece con 92 bovinos faenados y apenas 0,1% de participación. Ese volumen confirma que puede haber movimiento puntual, pero no un ritmo de trabajo capaz de absorber de manera sostenida a la plantilla que sigue dependiendo del seguro de paro.
Hay un quinto elemento de fondo que conviene poner en primer plano porque viene del propio Poder Ejecutivo. En la exposición de motivos del proyecto de 2025, el Gobierno sostuvo que la estabilidad laboral solo puede sostenerse con “robustez” en la estructura de capital y “capacidad operativa real”. Esa frase oficial corre el eje: el problema no es únicamente ganado, ni únicamente habilitaciones, ni únicamente mercado. También hay una discusión de solvencia empresaria, escala, integración comercial y viabilidad del negocio frigorífico en Rosario.
El problema de fondo puede resumirse así: Rosario no enfrenta solo una demora en reactivarse; enfrenta la dificultad de sostener un frigorífico mediano en una cadena más concentrada, con más peso del corral, menor holgura en la oferta y sin una solución empresarial estable, mientras el Estado sigue postergando el desenlace por la vía del subsidio


























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