El paso sobre el Arroyo del Piojo quedó reluciente en 2024, como si alguien hubiera pasado un trapo largo y paciente sobre la memoria del lugar. El agua siguió ahí, mansa y parlanchina, y el cruce volvió a cumplir su vieja función: unir dos orillas y regalar una pausa al que camina.
Ahora, en los escritorios del Municipio de Carmelo, la idea es otra: vestir ese paso con imaginación. La propuesta —todavía en estudio— es levantar allí una réplica estética, a escala, del histórico Puente Giratorio. No girará, claro. Pero tendrá la forma, el guiño, el aire de juguete grande que invita a detenerse. Está pensada, sobre todo, para los niños: para que crucen no solo un arroyo, sino también un pequeño territorio de fantasía.
El proyecto suma otra escena posible: un escenario flotante, apoyado sobre el agua, donde la música podría encontrar una acústica natural. Los ideólogos de la iniciativa aseguran que el sitio suena bien, como si el arroyo supiera devolver las notas con cuidado.
La propuesta fue bien recibida por la nueva administración municipal. Vendrán ahora las consultas técnicas, los números, las respuestas que siempre pide la realidad antes de dejarse soñar. Mientras tanto, el lugar espera. El arroyo corre. Y el puente —todavía el de siempre— parece escuchar, curioso, la posibilidad de convertirse en algo más que un paso: en un juego, en un escenario, en una historia nueva.
Modelo conceptual.



























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