Por Miguel Guaraglia
Claudia Duarte, concejal del Municipio de Carmelo por el Partido Nacional, resume sus primeros meses de gestión en una idea: 2025 fue un período de transición, con proyectos ya definidos y un presupuesto heredado, y 2026 será el primer año con margen para decidir prioridades. En la entrevista repasa los cambios realizados en el plan de inversiones —entre ellos, la sustitución de la compra prevista de un camión recolector por maquinaria para la operativa municipal— y detalla las líneas que, según indica, concentrarán el trabajo del próximo año: cordón cuneta y coordinación con la Intendencia para el asfaltado, mejoras en espacios públicos y un recambio de luminarias planificado por Electrotecnia. También aborda los reclamos vinculados al crecimiento urbano, el tránsito en zonas de nuevas viviendas y la recolección de residuos, donde señala limitaciones de personal y la necesidad de optimizar recorridos y turnos.
—Usted entra al Concejo Municipal hace pocos meses. ¿Qué es lo primero que aprende alguien cuando llega?
—Que el presupuesto condiciona todo. Este año se trabajó con un presupuesto anterior, con proyectos ya definidos. Recién en 2026 este equipo va a decidir en qué invertir.
—¿Ese “presupuesto anterior” les dejó margen para mover algo?
—Se cambió lo que era la compra del camión recolector porque no daban los plazos de importación para cumplir con los tiempos que pide la OPP. Se sustituyó por maquinaria necesaria para la operativa del municipio. Eso fue lo que se modificó.
—O sea: no fue una decisión política de “preferimos otra cosa”, sino un problema de tiempos.
—Exacto. Si los tiempos hubieran dado, el camión se compraba. Se desestimó por trámites y porque había que volver a empezar el proceso desde cero, y no daban los plazos para ejecutarlo.
—Cuando habla de 2026 como “el año en que deciden”, ¿qué está arriba de la mesa?
—Seguir con cordón cuneta para después, en coordinación con la Intendencia, avanzar con asfaltado. También acondicionar espacios públicos y mejorar la luminaria.
—La luminaria aparece como un tema central, pero usted dice que no depende del municipio.
—El recambio de luminarias está dentro del presupuesto de Electrotecnia. Es un cambio total. Se planifica porque las luminarias tienen vida útil y en 2027 se cumplen los 10 años del recambio anterior.
—¿Qué negocia el municipio ahí, entonces, si el dinero no lo pone?
—Puntos concretos. Se planteó mayor iluminación en ciertas zonas: Avenida Italia, el paseo hacia la playa, la rotonda. Esos puntos se contemplarían en el recambio.
—Usted dice “se contemplarían”. ¿De qué depende?
—De la planificación de Electrotecnia. La reunión fue para plantear necesidades y que se integren. No implica erogación municipal.
—En obras viales repite una idea: planificar por zonas y no “picar” de un barrio a otro. ¿Por qué?
—Porque si se salta de un punto a otro para resolver problemas puntuales, las obras grandes no quedan bien. La idea es hacerlo por zonas, planificado. Eso puede dejar a algunos barrios para más adelante, pero da la seguridad de que se haga.
—Esa frase es fuerte: “puede dejar a algunos barrios para más adelante”. ¿Se lo dicen así a los vecinos?
—En las reuniones se escucha el reclamo y se explica. Se sabe que no se puede hacer todo al mismo tiempo. El dinero es acotado.
—Carmelo creció hacia el norte: cooperativas, complejos, nuevas familias. ¿Qué cambia en la agenda municipal?
—Cambian prioridades. Aparecen reclamos de tránsito, cartelería, limitadores de velocidad, camiones estacionados donde no corresponde, iluminación puntual. También se habló de espacios recreativos porque en algunas cooperativas eso no está contemplado.
—Ahí aparece un tema interesante: el municipio no solo repara, también ordena convivencia. ¿Qué herramientas reales tiene?
—Gestión con Tránsito, con Obras, con Higiene, con Electrotecnia. Hay cosas que se resuelven con cartelería o limitadores. Otras requieren obras y presupuesto.
—Le propongo ir al tema que, según usted misma, vuelve una y otra vez: la recolección. ¿Usted sostiene que mejoró?
—Sí, que hubo mejora. Con lo que se tiene se gestionó para cumplir mejor y que la ciudad esté más limpia.
—En campaña se habló de un camión nuevo como solución. Usted dice que no.
—Un camión nuevo no soluciona si no hay personal. Falta al menos otro turno de recolección y para eso se precisa un chofer y dos estriberos. Hoy hay dos choferes y cuatro estriberos. Cuando alguien se certifica o sale de licencia se cubren entre funcionarios, pero tienen tope de horas y días libres.
—Entonces el problema es de turnos, no de fierros.
—Es de turnos y de gente. Y también de mantenimiento: el municipio tiene pocos funcionarios para sostener espacios públicos, limpieza, calles.
—Usted introduce otra variable: la conducta ciudadana. ¿Dónde se traba ahí?
—En que se tira poda, electrodomésticos, cartones dentro o al lado de contenedores. Eso dificulta el vaciado y el trabajo normal del camión. Los funcionarios pierden tiempo juntando lo que no corresponde.
—¿Eso es una explicación o una acusación?
—Es una realidad operativa. Una cosa es juntar lo que se cayó de una bolsa. Otra es tener que levantar grandes volúmenes de residuos que no van ahí. Atrasa el recorrido.
—La compactadora: en el barrio circuló la idea de que el camión iba a vaciar ahí para no ir hasta Ruta 55. Usted lo niega.
—No fue así. La compactadora es para residuos que iban al punto verde, no para residuos domiciliarios. Lo que sí se planteó es reducir viajes a Ruta 55 y vaciar más cerca, pero el contrato ya estaba definido y se había renovado antes de que asumiera esta administración.
—¿Qué se logró, entonces?
—Que el camión vaya menos días a Ruta 55 y algunos días vacíe en un punto más cercano. Eso optimiza tiempo, reduce desgaste. Esos camiones no están pensados para ruta.
—Cuando el camión se rompe, toda la ciudad lo siente. Y pasó. ¿Qué lectura hace usted de esas roturas?
—Que existe desgaste y que a veces hay que recurrir a apoyo de otros camiones o servicios. Por eso se planteó la posibilidad de no recorrer tanto. Lo ideal hubiera sido comprar el camión nuevo, pero no dieron los plazos.
—Usted dice “falta personal” varias veces. ¿Cuánto falta, según usted?
—Se pidió por expediente dos o tres funcionarios, pero el municipio necesitaría al menos 10 o 15 para empezar a ordenarse. Hoy hay alrededor de 30 y ahí hay administrativos, Necrópolis, licencias médicas, y la gente afectada a recolección.
—Hay una escena que aparece en su relato y que dice mucho: el 25 el alcalde manejó el camión.
—Sí, porque los funcionarios no trabajaron ese día. Se contrató una empresa privada para baños y limpieza de playa, y el alcalde manejó para que no quedara la basura.
—¿Esa escena es un símbolo de compromiso o un síntoma de fragilidad?
—Es una medida para resolver. La fragilidad está en la falta de personal y en que hay cosas que dependen del presupuesto departamental.
—Si tuviera que definir en una frase su prioridad para 2026, ¿cuál sería?
—Ordenar y planificar: obras por zona, mejorar luminaria donde se necesita, sostener la recolección con más personal y optimizar recorridos.
—En su discurso aparece una constante: “trabajar en conjunto con la Intendencia”. ¿El municipio puede decidir sin ese respaldo?
—Hay cosas que sí, y otras que dependen de direcciones departamentales. El municipio gestiona, coordina y ejecuta dentro de sus recursos.


























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