Las Mesas Interinstitucionales de Políticas Sociales (MIPS) se consolidan como espacios de articulación territorial para impulsar políticas públicas integrales. En el departamento de Colonia, el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) promueve su reactivación con un nuevo enfoque. Sobre este proceso dialogamos en Radiolugares con Maxi Olaverri, director departamental del Mides.
—¿Qué son exactamente las Mesas Interinstitucionales de Políticas Sociales? ¿Cuál es su finalidad principal?
—Son ámbitos de coordinación entre distintos organismos públicos con presencia territorial, creados para favorecer la integralidad de las políticas sociales. La idea es que no trabajemos desde cada “chacra” institucional, sino que logremos una sinergia entre ministerios, intendencias, municipios, entes autónomos y también organizaciones de la sociedad civil. Todo con un propósito: mejorar las condiciones de vida de la población.
—¿Cuál es la historia de estas mesas? ¿Son una iniciativa reciente del ministerio?
—No, en realidad se implementaron hace más de 15 años. Nacieron bajo el gobierno de José Mujica, aunque el decreto que las regula es anterior. En Colonia han tenido momentos de intensa actividad, como cuando se impulsó el realojo de Villa Ferrando. Pero en los últimos años perdieron fuerza y agenda. Hoy queremos devolverles el protagonismo.
—¿Cómo se organiza su funcionamiento en el territorio?
—Tenemos una mesa departamental —con sede en Colonia del Sacramento— y vamos a crear una mesa local autónoma en Carmelo, algo inédito en el departamento. Carmelo tiene una realidad distinta, necesita un espacio propio para que sus actores locales puedan coordinar acciones desde el territorio.
—¿Qué diferencia a la MIPS de Carmelo respecto a la de Colonia?
—En Carmelo vamos a sumar formalmente a organizaciones sociales que históricamente han estado relegadas de estos procesos de planificación. Queremos que estén desde el inicio. La idea es que la mesa no dependa únicamente del Mides, sino que sea cogestionada con el municipio. El objetivo es fomentar una gobernanza compartida, donde el Estado y la sociedad civil se encuentren.
—¿Estas mesas cuentan con recursos propios para ejecutar proyectos?
—No. Las MIPS no administran fondos directamente, pero sí tienen capacidad de incidencia. Pueden definir prioridades territoriales que luego se traducen en decisiones de gasto por parte de los organismos competentes. Por ejemplo, si en la mesa se decide que el realojo de una manzana en Carmelo es más urgente que uno en Rosario, esa definición va con peso político al gabinete nacional.
—¿Qué tipos de problemáticas se abordan? ¿Hay áreas prioritarias?
—Desde servicios del sistema de cuidados hasta salud mental, vivienda o consumo problemático de sustancias. Cada territorio define su agenda. En Carmelo, por ejemplo, tenemos pendiente abrir un centro diurno para personas con consumo problemático, algo que venimos trabajando con el municipio y la Junta Nacional de Drogas.
—¿Cómo se articula el trabajo entre organismos tan distintos, con lógicas institucionales propias?
—La clave es la voluntad. Si hay voluntad, se puede coordinar. Ya lo demostramos al convocar el Comité de Emergencia: en dos horas resolvimos temas complejos. Cada organismo mantiene su autonomía, pero se alinea con un objetivo común.
—¿Con qué frecuencia se reunirán las mesas? ¿Quién las convoca?
—La de Colonia se reunirá el segundo jueves del mes, y la de Carmelo, el último jueves. El Mides convoca, coordina y da seguimiento. En el caso de Carmelo, lo haremos junto al alcalde y su consejo. La idea es que las decisiones se tomen desde el territorio.
—¿Habrá mecanismos para evaluar el impacto de estas mesas?
—Sí. Aunque no siempre se miden en cifras, los proyectos que surgen de estas mesas se pueden rastrear. Sabemos cuáles se ejecutan y cuáles no. Hubo experiencias frustradas, como una casita comunitaria en Cerro Carmelo que no se concretó porque el INAU no logró liberar los fondos. Pero también hay muchos logros que nacieron de estas instancias.
—¿Qué desafíos anticipa en la implementación de las mesas, especialmente en un departamento con realidades tan diversas?
—El primer desafío es lograr una verdadera articulación con las organizaciones sociales, algo que vamos a intentar con fuerza en Carmelo. El segundo es que la mesa de Colonia —que en el pasado funcionó de forma más centralista— logre realmente representar a todo el departamento. Por eso apostamos a una mesa local que responda a las necesidades concretas del oeste del territorio.
—Por último, ¿por qué el debate ideológico parece estar ausente en este tipo de espacios?
—Creo que a veces está presente de forma subyacente, pero muchos de nosotros evitamos ideologizar cada acción. La ciudadanía también se cansa de esas discusiones eternas. Hoy las prioridades están bastante claras: mejorar la vida de la gente. Si nos enfocamos en eso, la ideología pasa a un segundo plano.



























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