En casi todos los pueblos y barrios del interior hay un grupo de vecinos que organiza cosas: piden arreglos, impulsan mejoras, hacen actos. Pero tras esa fachada de buena voluntad —que muchas veces es real— se esconde algo más complejo: la construcción de poder local.
¿Quién decide qué se hace?
En teoría, las comisiones son abiertas. En la práctica, no siempre todos participan. Hay reuniones que se anuncian por grupos cerrados, convocatorias que no llegan a todos y decisiones que ya están tomadas antes de escuchar.
Esto no solo define qué obra se hace primero o qué evento se organiza. También determina qué historia se cuenta del lugar, a quién se cuenta, a quién no se cuenta, cuáles son los valores que se celebran y cuáles se dejan de lado.
“Las comisiones no solo gestionan cosas. También construyen relatos. Y quien domina el relato, tiene poder”, decía el teórico español-colombiano Jesús Martín‑Barbero, autor del clásico De los medios a las mediaciones.
Martín-Barbero: cuando comunicar es dominar el sentido
Martín‑Barbero explicó que comunicar no es solo hablar o transmitir datos. Es construir sentido. Y ese sentido se negocia en espacios como estas comisiones, donde se elige qué se visibiliza y qué no.
El poder de estos grupos pasa por cuatro cosas:
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Tecnicidad: cómo se cuenta el mensaje (actas, redes, actos).
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Institucionalidad: quién lo dice y con qué autoridad.
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Socialidad: cómo circula esa narrativa en la comunidad.
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Ritualidad: los gestos que refuerzan el relato (inauguraciones, discursos, fotos).
Así, sin decirlo explícitamente, las comisiones imponen una forma de ver el barrio o el pueblo. Una versión que puede dejar fuera muchas otras.
Daniel Prieto Castillo: ¿diagnóstico colectivo o verdad impuesta?
El educador argentino Daniel Prieto Castillo, referente en comunicación participativa, propone algo clave: escuchar antes de decidir. Lo llama “diagnóstico colectivo”. Su pregunta es simple: ¿el diagnóstico del barrio lo hacen todos o solo los de siempre?
Cuando un grupo define el problema, decide la solución y convoca solo a quienes piensan igual, la participación es solo una puesta en escena. Es como si el barrio hablara, pero con una sola voz.
️ “Sin diálogo real, la participación es solo simbólica”, advierte Prieto Castillo.
Lo que pasa en tu pueblo
¿Te suena conocido?
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¿Reuniones que no te llegan?
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¿Unas pocas personas que siempre deciden?
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¿Eventos donde nunca ves a ciertos vecinos?
Esas son señales de un poder concentrado que se disfraza de participación.
¿Y si las cosas fueran diferentes?
Imaginá una comisión donde:
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Se consulta a todos antes de definir prioridades.
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Las convocatorias son abiertas, públicas, visibles.
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Hay distintas voces: jóvenes, mujeres, migrantes, personas mayores.
Eso no solo haría más justo el reparto de recursos. También haría más verdadero el relato colectivo. Porque contar la historia de un lugar es tan importante como arreglar sus calles.
¿Qué se puede hacer?
Exigir transparencia: que las reuniones sean abiertas y con actas públicas.
Ampliar las voces: invitar a los que nunca son invitados.
Revisar el relato: ¿de verdad representa a todos?
Promover el diálogo: antes de decidir, preguntar.
En resumen
| Qué hacen | Cómo lo hacen | Qué efecto tiene |
|---|---|---|
| Eligen temas, obras, actos | Controlando la narrativa, convocatorias, símbolos | Construyen un relato local que puede incluir o excluir |


























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