La Casa de la Cultura de Carmelo abrió sus puertas y, como si alguien hubiera dado una señal silenciosa, la gente empezó a llegar: parejas mayores que se saludan por el apellido, jóvenes con mate bajo el brazo, niños que corren entre las sillas. “Jueves en el Patio” ya no es solo un ciclo cultural; es una costumbre que se instala en la agenda afectiva del pueblo.
La noche comenzó con la apertura de la muestra de la artista carmelitana Graciela Colotta. Sus obras, dispuestas en las paredes blancas de la sala, obligaban a detener el paso. Algunos miraban en silencio; otros comentaban en voz baja, como si hablar fuerte pudiera alterar el equilibrio de los colores. La escena tenía algo de ritual doméstico: vecinos reconociéndose en la mirada de otra vecina que eligió contar el mundo a través del arte.
Después el aire cambió. El patio se llenó de acordes cuando Artístico Tangó tomó el centro de la escena. El bandoneón marcó el pulso y el murmullo se apagó. Hubo pies que acompañaron discretamente, hombros que se movieron casi sin darse cuenta. En Carmelo, el tango no es una postal lejana: es memoria que todavía respira.
Más tarde llegó La Troupe Murga Canción. Las voces, afinadas y potentes, atravesaron la noche con humor y melodía. Algunas estrofas arrancaron sonrisas cómplices; otras invitaron a aplaudir con ritmo de carnaval.
El patio, iluminado y lleno, mostró algo más que una buena convocatoria. Mostró un pueblo que se encuentra, que se reconoce en el arte propio y que transforma un jueves cualquiera en un pequeño acontecimiento compartido. En Carmelo, la cultura no ocurre lejos: ocurre a metros de casa.



























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