Más de 14 horas en el agua, 57,4 kilómetros recorridos y más de 40 relevos que se sellaron con un gesto simple y decisivo: el choque de manos que marcaba el momento de decir “seguí vos”. Así se escribió una página inédita en las aguas abiertas del Río de la Plata.
El pasado martes 10 de febrero, una posta internacional de seis nadadores logró unir por primera vez Carmelo, en Uruguay, con San Isidro, en la provincia de Buenos Aires. La travesía se realizó bajo la consigna de la “Travesía Rosa”, iniciativa que promueve la concientización sobre la prevención y la detección temprana del cáncer de mama.
El equipo estuvo integrado por el uruguayo Eduardo Appoloni —representante de la región— junto a cinco nadadores argentinos. La propuesta fue impulsada por Lucas Rivet y Julieta O’Connor, con el objetivo de abrir una nueva alternativa para el cruce del Río de la Plata en modalidad de postas.
La partida se realizó desde la costa de Carmelo y, tras 14 horas y 11 minutos de nado continuo, el grupo logró tocar tierra argentina. El recorrido total fue de 57,4 kilómetros, en condiciones propias de una travesía de larga distancia: corrientes cambiantes, desgaste físico acumulado y la exigencia mental que supone sostener el ritmo durante más de medio día.
Más allá del desafío deportivo, la iniciativa tuvo un fuerte componente simbólico. La “Travesía Rosa” utiliza el deporte como plataforma para visibilizar la importancia de la prevención del cáncer de mama. “Fue una iniciativa para abrir una nueva ruta del cruce, pero sobre todo para llevar el mensaje de la prevención”, señaló Appoloni en diálogo con Semanario Helvecia.
El cruce no solo marca un antecedente deportivo para la región, sino que instala una nueva referencia en el mapa de las aguas abiertas del Río de la Plata, donde cada desafío combina resistencia, estrategia y un propósito que trasciende lo competitivo.



























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