La Dirección Nacional de Aduanas intensificó en las últimas horas los controles sobre centros de envío y recepción de encomiendas en el litoral oeste del país. En Mercedes, funcionarios de la Regional Móvil Oeste inspeccionaron locales desde los cuales se procedió a la ocupación de mercadería en infracción aduanera por un valor estimado en $ 72.000. Entre los artículos incautados se encontraban 3.000 unidades de cigarrillos marca GIFT, cosméticos, prendas de vestir, proteínas y botellas térmicas.
En Dolores, equipos móviles de la misma regional realizaron actuaciones similares. Allí fueron detectados cosméticos, suplementos deportivos, calzados, accesorios para celulares y parlantes, con una valoración aproximada de $ 75.000.
Más allá de los montos —que en cada procedimiento pueden parecer acotados—, el fenómeno revela una modalidad reiterada: la utilización de empresas formales de envío de encomiendas como canal de distribución para mercadería que ingresa o circula en infracción a la normativa aduanera.
El esquema combina fragmentación de cargas, envíos de bajo volumen y rotación constante de destinatarios. De ese modo, la mercadería se dispersa en múltiples paquetes que circulan por vías regulares, reduciendo la visibilidad de grandes partidas y dificultando la detección temprana.
Para Aduanas, el desafío no solo radica en interceptar los productos, sino en desarticular la logística que los sostiene. Las actuaciones en Mercedes y Dolores se inscriben en una estrategia de fiscalización móvil que apunta a puntos de distribución intermedia, donde la mercadería cambia de manos antes de su venta final.
El incremento de este tipo de maniobras tensiona el sistema de control y coloca a los centros de encomiendas en una zona sensible: espacios formales que pueden ser utilizados como eslabón operativo en circuitos de comercialización irregular.



























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