El 11 de agosto de 2015, a las 9:43 de la mañana, la página se cargó por primera vez. No hubo fanfarria. No hubo inauguración oficial. Apenas un titular sencillo, una nota breve y la sensación de que algo había empezado.
Diez años después
11 de agosto de 2025. En la redacción, que ahora es virtual y cabe en un teléfono, los archivos guardan miles de notas. La pantalla muestra titulares que ya son historia: tormentas, elecciones, accidentes, visitas oficiales, partidos memorables, desapariciones, nacimientos, cierres y aperturas de comercios, protestas, silencios.
El trabajo no se mide en horas. Se mide en instantes capturados antes de que se desvanezcan. La ciudad, con su paso lento, ha cambiado más de lo que parece. El Portal, con su ritmo rápido, lo ha contado todo.
El pacto invisible
En estos diez años, el portal ha sido testigo y cómplice. Ha estado en la alegría y en la pérdida, en la gloria y en la rutina. Detrás de cada nota hay noches sin dormir, madrugadas heladas, llamadas intempestivas y, sobre todo, un pacto invisible con cada lector: estar siempre, aunque nadie lo pida en voz alta.
El aniversario no es un punto de llegada. Es una señal de que se puede seguir. Porque, como en todo puerto, siempre habrá algo que llegue.


























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