El doctor Dardo González, presidente del Sanatorio Americano y referente de la red FEPREMI, participó como expositor en Naciones Unidas. Compartió el modelo cooperativo uruguayo de salud ante un foro internacional sobre justicia social.
Por Miguel Guaraglia
—Doctor González, ¿cómo vivió personalmente la experiencia de exponer en la sede de la ONU en Nueva York?
—Fue una vivencia extraordinaria. Son esas oportunidades que no se planean, que no están en el horizonte de uno. La invitación fue recibida con enorme agrado en la institución y representó una chance valiosa para exponer ante el mundo nuestro modelo de salud cooperativa, que tanto el Sanatorio Americano como FEPREMI han desarrollado durante décadas. No es habitual que se nos convoque a espacios de este calibre.
—¿Qué aspectos centrales presentó sobre el modelo de salud uruguayo y en especial el de la red FEPREMI?
—Contamos con siete minutos, porque en la ONU todo está cronometrado. En ese tiempo relatamos la evolución del sistema médico uruguayo, destacando cómo las instituciones del interior, inicialmente gremiales, luego se consolidaron como cooperativas. FEPREMI, que actualmente agrupa 22 instituciones, articula una red con un centro de referencia en alta tecnología: el Sanatorio Americano. Desde 1993, nos enfocamos en centralizar técnicas complejas, y desde 2017 hemos empezado a descentralizarlas mediante extensiones en cardiología y artroplastias.
—¿Qué recepción tuvo ese modelo entre colegas de otros países?
—Muy positiva. Compartimos experiencias con cooperativistas de Brasil y Paraguay. Les sorprendió que, más allá de nuestras dificultades, logramos una cobertura verdaderamente universal. Lo que más destacó fue la integración efectiva: no solo estamos agrupados simbólicamente, sino que operamos como una red real. En otros países, muchas veces la articulación se queda en el plano formal. Aquí, la confianza entre instituciones ha permitido avances concretos.
—¿Qué proyectos innovadores presentaron en el foro?
—Uno clave es el de radioterapia. Ya teníamos un centro en Florida, pero recientemente inauguramos otro en Salto, y estamos construyendo uno más en Montevideo que será el más avanzado del país. Este contará con tres aceleradores lineales, braquiterapia, tomógrafo dedicado y un sistema completo de control. Es un paso gigante en tecnología y equidad de acceso.
—¿Dónde radica la fortaleza del modelo FEPREMI-Sanatorio Americano?
—En la confianza. Las decisiones se toman democráticamente, y cada institución, grande o pequeña, tiene un voto. Esta estructura horizontal ha sido clave para sostener la red durante más de seis décadas. Es un modelo donde prima la equidad, y eso da sustento a proyectos ambiciosos que serían imposibles de ejecutar de forma aislada.
—En cuanto a los desafíos, ¿hacia dónde se dirige la red?
—Uno de los mayores desafíos es consolidar la integración tecnológica sin perder la eficiencia. Por ejemplo, el nuevo centro de radioterapia será el primero en instalarse dentro de un hospital privado general. Visitamos centros en Brasil y, sinceramente, estamos en condiciones de ofrecer el mismo nivel de tecnología y de calidad en recursos humanos.
—¿Qué otras áreas además de la oncológica consideran prioritarias?
—Lo cardiovascular y lo neurológico. Más del 50 % de las muertes en Uruguay se deben a estas causas. El Sanatorio Americano realiza el 36 % de todos los procedimientos invasivos en cardiología del país. También contamos con un centro especializado en neurointervencionismo para accidentes cerebrovasculares, y hemos desarrollado áreas como cirugía hepatopancreática y biología molecular aplicada a la genética oncológica.
—A más de 15 años de la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud, ¿qué evaluación personal hace del mismo?
—En lo personal, creo que fue un paso importante: universalizó el acceso, ordenó el financiamiento y profesionalizó la gestión. Sin embargo, hay desafíos vigentes: la demora en consultas, cirugías y nuevas tecnologías. Los recursos son finitos, pero las demandas crecen. Hay que revisar qué técnicas se incorporan al sistema y cómo se da respuesta a esas necesidades, sin forzar a los pacientes a recurrir a amparos judiciales.
—Finalmente, ¿qué significado tuvo en lo humano estar en la sede de la ONU representando a Uruguay?
—Fue una experiencia muy enriquecedora. Aunque mi rol fue circunstancial, representé a un colectivo de profesionales comprometidos. Me siento agradecido y orgulloso de haber podido compartir ante el mundo una experiencia de cooperación real y efectiva que nace desde el interior de un país pequeño, pero con enormes convicciones.



























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