José María Giménez volvió a poner sobre la mesa uno de los debates centrales que rodean a la selección uruguaya: cómo mantener la identidad histórica de la Celeste en un contexto de cambio futbolístico. En una entrevista concedida a El País de Madrid, el defensa del Atlético de Madrid habló del significado de jugar para Uruguay, del legado del Maracanazo, de la convivencia con la presión y del impacto que ha tenido Marcelo Bielsa en el estilo del equipo.
El futbolista, que se recupera de una lesión de tobillo en la concentración de Uruguay en Miami, expresó que disputar un cuarto Mundial sería “algo único”. Giménez vinculó ese sentimiento con una característica que considera propia del jugador uruguayo: la competitividad. Según dijo, Uruguay, pese a ser un país de tres millones y medio de habitantes, mantiene futbolistas en las principales ligas de Europa y Sudamérica, algo que interpreta como una señal del peso que tiene la camiseta celeste.
Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue su reflexión sobre la historia de la selección. Giménez reconoció que el Maracanazo sigue siendo una referencia inevitable, pero también advirtió que Uruguay debe mirar más hacia el presente que hacia las gestas del pasado. Para el zaguero, aquella victoria forma parte de una historia “heroica”, aunque entiende que el desafío actual pasa por construir nuevos logros y no depender únicamente de la memoria colectiva.
La entrevista también dejó una mirada interna sobre los valores que se transmiten en la selección. Al ser consultado sobre la costumbre de los jugadores de recoger los platos después de comer, Giménez respondió que hay prácticas que forman parte de la cultura del grupo y que se enseñan desde la llegada de cada futbolista. En ese punto, el defensa remarcó la importancia de la humildad, la colaboración y el ejemplo cotidiano.
El tramo más futbolístico de la conversación apareció cuando analizó la propuesta de Marcelo Bielsa. Giménez fue claro al señalar que el actual entrenador plantea una idea distinta a la que Uruguay estaba acostumbrado. Explicó que Bielsa trabaja con intensidad, duelos individuales y una búsqueda de protagonismo que implica asumir más riesgos.
En esa respuesta aparece la tensión principal del momento celeste: Uruguay fue históricamente un equipo fuerte en defensa, peligroso en el contragolpe y en la pelota quieta, mientras que Bielsa propone una selección más ofensiva, con presión alta y defensores obligados a jugar con mucho campo a sus espaldas. Giménez no lo presentó como una contradicción irresoluble, sino como un proceso de adaptación.
“A Bielsa le gusta ser protagonista”, afirmó el zaguero, y agregó que esa idea puede resultar más cómoda para algunos jugadores que para otros. Su lectura es relevante porque proviene de uno de los defensas con mayor trayectoria en la selección y porque describe con precisión el costo del nuevo modelo: cuando el equipo pierde la pelota y no queda bien parado, los zagueros deben correr hacia atrás con muchos metros por defender.
La visión de Giménez también se conecta con su experiencia en el Atlético de Madrid. Comparó el proceso de Uruguay con el de Diego Simeone, a quien atribuyó una reinvención a partir de las características de sus nuevos futbolistas. En esa comparación, el defensa dejó planteada una idea de fondo: los equipos no pueden vivir solo de su tradición; también deben adaptarse al tipo de jugadores que tienen.
Sobre el Mundial, Giménez dejó una definición fuerte: cree que puede ganarlo “el que mejor defienda” y no necesariamente el que mejor ataque. Su argumento es que las grandes selecciones tienen recursos ofensivos de sobra, pero muchas veces se desequilibran cuando priorizan el juego con pelota. En ese sentido, mencionó a Francia como un equipo capaz de sostener solidez defensiva y, al mismo tiempo, contar con figuras desequilibrantes en ataque.
También ubicó a España entre las candidatas, con o sin Lamine Yamal, por su capacidad de adaptarse entre el uno contra uno y el juego asociativo. Francia y Argentina fueron las otras selecciones que señaló como aspirantes de peso.
La entrevista deja una conclusión clara: Giménez entiende que Uruguay no debe renunciar a su esencia, pero tampoco quedar atrapado en ella. La garra, la humildad y la competitividad siguen siendo, para el zaguero, rasgos centrales de la Celeste. El desafío con Bielsa es sumar a esa identidad una propuesta más protagonista, intensa y arriesgada, sin perder el equilibrio defensivo que históricamente distinguió al fútbol uruguayo.




























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