Hay edificios que se levantan para guardar cosas. Otros, para que la gente trabaje, compre o simplemente pase. Y hay edificios que todavía no existen, pero que nacen de una pregunta sencilla: ¿cómo hacer para que una persona no se sienta sola?
Los carmelitanos Aldo Baldi y Juan Attun trabajaron sobre esa pregunta. Su respuesta fue un proyecto arquitectónico llamado Centro de Estimulación Integral Barrio Sur, distinguido con una mención en la categoría C del Premio José Miguel Aroztegui, durante el encuentro ARQUISUR 2026, celebrado del 14 al 16 de octubre en São Paulo, Brasil.
Lo presentaron bajo un nombre que parece contener toda su intención: Umbral Activo.
La propuesta, desarrollada en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República, parte de una realidad cotidiana. Las personas envejecen. El cuerpo pierde algunas capacidades. La memoria cambia. Los vínculos se debilitan. A veces, la soledad termina ocupando demasiado espacio.
Frente a eso, Baldi y Attun imaginaron un lugar donde la arquitectura pudiera acompañar.
El corazón del proyecto es un invernadero. Plantas, luz natural, espacios compartidos. Alrededor, ámbitos para fisioterapia, rehabilitación, estimulación cognitiva, talleres y horticultura.
Tres palabras organizan el conjunto: cuerpo, mente y vínculo.
No se trata únicamente de construir paredes. La propuesta busca que alguien pueda recuperar movimientos, ejercitar la memoria, cultivar una planta o encontrarse con otra persona.
El jurado de ARQUISUR seleccionó el trabajo entre los proyectos finalistas de universidades sudamericanas, otorgándole una de las tres menciones de su categoría.
La distinción incorporó sus nombres a la Galería de Ganadores del Premio Aroztegui 2026.
El edificio permanece, por ahora, en el territorio de los proyectos. Pero su idea plantea algo concreto: que un espacio también puede ayudar a cuidar.
Y que la arquitectura, además de ofrecer un techo, puede abrir una puerta.




























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