La Plaza de Toros del Real de San Carlos vuelve a prepararse para una noche de combate. No es una paradoja menor: en ese anfiteatro de hierro que el imaginario asocia a la tauromaquia, el toro fue casi una excepción. Entre 1910 y 1912, desde su inauguración hasta su clausura, solo se celebraron ocho corridas. El resto de su historia quedó abierta a otros rituales de masas, otras formas de tensión y espectáculo. El boxeo, ahora, toma ese relevo.
El sábado 28 de febrero, el histórico escenario coloniense será sede de una velada internacional que promete devolver al ring una solemnidad antigua. La presentación del evento reunió al intendente de Colonia, Guillermo A. Rodríguez; al promotor Mario Margossian; al entrenador del plantel de Plaza, Juan Prandi, y a algunos de los boxeadores que protagonizarán la noche, junto a directores de la Intendencia. Un acto sobrio, casi contenido, como si el boxeo —fiel a su tradición— prefiriera reservar la épica para cuando suene la campana.
La velada será transmitida por Fox Sports y tendrá un título sudamericano en juego, una credencial que coloca a Colonia en el mapa internacional del deporte. Pero el pulso emocional late más cerca: el boxeador coloniense Rubén “Mariachi” Casero será una de las grandes atracciones de la noche. En su figura se cruzan el oficio, la pertenencia y esa obstinación silenciosa que define a los boxeadores formados lejos de los grandes centros.
El boxeo siempre dialoga con su pasado. Cada pelea lleva algo de aquellas crónicas escritas al borde del ring, cuando los periodistas narraban no solo golpes sino destinos. En la Plaza de Toros del Real de San Carlos, ese diálogo se vuelve más nítido. El hierro centenario y la arena conocen de multitudes, de expectativa y de silencios densos. Aquí, donde el toro apenas dejó huella en ocho tardes breves, el combate encuentra una continuidad distinta, menos ritual y más humana.
El 28 de febrero no se disputará solo un cinturón. Se pondrá en juego la vigencia de un deporte que sabe reinventarse, ocupar espacios improbables y volver, una y otra vez, a los lugares donde la historia parecía cerrada. El boxeo, como la Plaza, entiende de segundas oportunidades.



























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