Fue intendente de Colonia durante una década, entre 2005 y 2015, y uno de los protagonistas centrales de la llamada “guerra de patentes”, un conflicto interdepartamental que marcó al sistema tributario uruguayo durante años. El nombre de Walter Zimmer quedó asociado a ese proceso que terminó derivando en la creación del Sistema Único de Cobro de Ingresos Vehiculares (SUCIVE) y en la unificación nacional de la patente de rodados.
Zimmer fue procesado con prisión en 2014 por abuso de funciones, en el marco de autorizaciones de reempadronamientos, y absuelto en 2017. Hoy, alejado de cargos ejecutivos, vuelve a ser consultado ante el resurgimiento del debate por el alto costo de las patentes y las multas, un tema que atraviesa a miles de contribuyentes y reabre discusiones que parecían saldadas.
Con él conversamos esta mañana en Radiolugares, sobre el presente del sistema, los riesgos de retroceder, la autonomía departamental y el delicado equilibrio entre recaudación y justicia tributaria.
—Walter, después de tantos años, el tema vuelve a estar arriba de la mesa. ¿Pensabas que esta discusión podía regresar?
—Sí. Yo pensaba que en algún momento se iba a dar nuevamente, no por el sistema en sí, sino por los precios. Los valores se han ido disparando respecto al valor real de los vehículos y también respecto a los ingresos promedio de la población. La tecnología, que en teoría debería abaratar costos, está castigando al que accede a un vehículo nuevo o relativamente nuevo, obligándolo a pagar mucho más de lo que corresponde.
—¿Dónde está, entonces, el problema central?
—En los criterios de valuación. El sistema funciona, lo que está mal son algunos valores. Hay que sentarse a discutir el porcentaje de la patente sobre el valor del vehículo, diferenciar categorías: autos de alta gama, autos familiares, autos de trabajo. Y además, con el paso de los años, adecuar el precio real del vehículo, porque hoy un auto de cinco o seis años está pagando una patente que no tiene relación con lo que vale en el mercado.
—Hay quienes plantean que el sistema perdió equilibrio y que se volvió excesivamente recaudatorio.
—La patente es, sin duda, una fuente de recaudación para las intendencias. Eso es así y siempre lo fue. Y fue justamente esa lógica la que generó la guerra de patentes. Cuantos más autos empadronados tenía un departamento, más recaudaba. Eso generó distorsiones enormes. Hubo departamentos con más autos que habitantes. Eso no puede volver a pasar.
—¿Existe hoy el riesgo de volver a ese escenario?
—Sí. Si se rompe la autonomía coordinada que hoy existe y cada intendencia vuelve a fijar precios, eso desencadena otra guerra de patentes, y va a ser peor que la anterior. Por eso hay que defender el SUCIVE. Lo que está bien no hay que tocarlo; lo que está mal hay que corregirlo.
—Algunos legisladores han llegado a plantear directamente no pagar impuestos. ¿Cómo ves eso?
—Eso es inadmisible. Un representante electo no puede llamar a no pagar. Las cosas se arreglan dialogando, no desde la confrontación. Esto no se soluciona con rebeldías fiscales, se soluciona sentándose a conversar en los ámbitos correspondientes.
—¿Qué rol tiene el Congreso de Intendentes en esta discusión?
—Central. El SUCIVE no es un ente autárquico que hace lo que quiere. Fue creado por el Congreso de Intendentes en 2011 y empezó a funcionar en 2012. Todo se maneja por acuerdos. El SUCIVE recauda y luego vuelca lo recaudado a cada intendencia, quedándose con un porcentaje mínimo para sostener el sistema. No trabaja por fuera del Congreso.
—Sin embargo, la percepción ciudadana es que “se les fue la mano”.
—Eso se potenció con el tema de las multas. Hoy hay casos en los que las multas superan el valor de la patente. Ahí se mezcla todo: patente, multas departamentales, multas nacionales. Y no todo depende de las intendencias. Hay una parte que es claramente del gobierno central.
—¿A qué te referís?
—A las multas nacionales, que involucran al Ministerio de Transporte y a la UNASEV. Muchas veces se le carga todo a las intendencias cuando no es así. Hay que separar lo departamental de lo nacional. Si no, se genera una percepción de arbitrariedad que no ayuda.
—¿Es justo que un auto se desvalorice y la patente siga subiendo?
—No. Ahí hay un error claro. Hoy te dicen que tu auto vale determinada cifra para cobrarte la patente, pero si lo vas a vender no sacás ni el 60 o 70% de ese valor. Eso hay que ajustarlo. El seguro lo hace: se adapta al valor real del vehículo. La patente debería ir en ese camino.
—¿Cómo debería resolverse este conflicto?
—Como siempre se resolvieron las cosas en el Congreso de Intendentes: discutiendo, peleando si es necesario, pero saliendo con consensos. Esto no se puede partidizar. Hay que sentarse, revalorizar las patentes, ajustar porcentajes y diferenciar categorías. Defender el sistema y corregir lo que está mal.
—Para cerrar, ¿qué no debería pasar bajo ningún concepto?
—Que se vuelva atrás. Que se rompa el SUCIVE y cada intendencia empiece a fijar precios. Eso sería desconocer todo lo aprendido y volver a un escenario que ya demostró ser injusto y caótico.


























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