El jueves cayó tibio sobre Carmelo, con esa luz dorada que solo tienen los atardeceres de enero. Poco a poco, las sillas se fueron alineando sobre la calle 19 de Abril, frente a la Casa de la Cultura, y los vecinos —familias, jóvenes, jubilados, turistas— comenzaron a ocupar sus lugares. Algunos llegaron con mate, otros con cámaras, todos con ganas de escuchar.
Así, comenzó una nueva edición del ciclo “Jueves en el Patio”, una propuesta artística y cultural que llenó de música y aplausos el corazón de la ciudad. El cielo despejado y el aire sereno fueron el marco perfecto para una noche en que el folclore se mezcló con la emoción colectiva.
Escenario abierto, emociones compartidas
El dúo “Sin Fronteras” abrió la velada con un repertorio que cruzó estilos y generaciones, seguido por la presentación de “Belén Bonjour y Generaciones”, que sumó fuerza y calidez al escenario. Los grupos de danza folclórica “Renacer” y “Estirpe Oriental” aportaron raíces, zapateo y sentimiento, celebrando la identidad desde el cuerpo y la música.
Las palmas del público marcaron el ritmo durante casi toda la noche. A cada canción le siguió una ovación. Hubo baile, hubo canto, y hubo miradas cómplices entre vecinos que se reencuentran cada verano en este ritual simple y poderoso: reunirse a disfrutar del arte en comunidad.
El escenario móvil de la Intendencia —instalado al aire libre, sobre el pavimento— convirtió la calle en sala de conciertos. Todo ocurrió allí, a cielo abierto, como debe ser en una ciudad que vive de frente al río y al verano.
Un ciclo que ya es tradición
Organizado por la Casa de la Cultura de Carmelo, el ciclo “Jueves en el Patio” se extenderá durante los meses de enero y febrero, con propuestas artísticas que celebran la diversidad cultural de la región.
La próxima fecha se desarrollará en el patio interior del centro cultural, un espacio que combina la intimidad del jardín con la frescura de las noches estivales.
Con entrada libre y espíritu comunitario, el ciclo se consolida como uno de los encuentros culturales más esperados del verano carmelitano. Porque a veces, no hace falta mucho más que una guitarra afinada, unas cuerdas vocales dispuestas y un público abierto a dejarse emocionar.


























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