La noche del domingo cayó con una calma engañosa sobre la Unidad N.º 14 Piedras de los Indios. A las nueve en punto, esa quietud se quebró desde adentro. Un módulo del establecimiento, donde permanecen alojadas 29 personas privadas de libertad, se convirtió en el epicentro de un estallido: gritos, golpes secos, vidrios que cedían, rejas forzadas. El encierro, por minutos, dejó de serlo.
El desorden avanzó rápido. En medio de los daños —roturas visibles en la estructura del módulo— un interno encontró el resquicio que muchos buscan y pocos logran: evadir los controles y salir del perímetro. La fuga estaba consumada.
La reacción fue inmediata. Mientras dentro del establecimiento se intentaba contener la situación y evitar nuevas evasiones, afuera se activó un protocolo de emergencia que desplegó a buena parte de la Jefatura de Policía de Colonia. La escena se multiplicó en móviles, radios encendidas y órdenes precisas: asegurar la unidad, cerrar posibles rutas de escape, rastrillar el entorno.
Al operativo se sumaron el Grupo de Reserva Táctica, el Programa de Alta Dedicación Operativa, la Dirección de Investigaciones Departamental, la Brigada de Seguridad Rural, la Brigada Departamental Antidrogas y la Comisaría Especializada en Violencia Doméstica y Género. Un engranaje que debía funcionar sin fisuras y contra el reloj.
Mientras un cordón policial reforzaba el perímetro de Piedras de los Indios para devolver la normalidad al módulo afectado, otros equipos salieron a cazar sombras en la noche. Campos, banquinas y accesos fueron revisados con la certeza de que el tiempo jugaba a favor del fugitivo… y en contra de su libertad.
La persecución tuvo desenlace una hora y media después del inicio del incidente. A las 22.30, a la altura del kilómetro 180 de la Ruta 21, el cerco se cerró. El hombre fue localizado, interceptado y recapturado sin que la fuga se prolongara más allá de lo que la noche permitió.
Desde la Jefatura de Policía destacaron la coordinación entre las distintas dependencias y la rapidez del despliegue. El saldo final dejó dos escenarios controlados: el módulo, nuevamente bajo custodia, y el evadido, otra vez privado de libertad. La fuga duró poco más de una hora. Lo suficiente para poner a prueba al sistema. No lo bastante para vencerlo.

























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