A poco más de dos meses del inicio previsto de la 53.ª edición de la Fiesta Nacional de la Uva, que se realizará del 6 al 8 de febrero de 2026, la organización entregó al alcalde Luis Pablo Parodi una carta en la que formula una serie de exigencias concretas para llevar a cabo el evento en el Teatro de Verano de Carmelo —luego de que el Municipio de Carmelo descartara el uso de la pista “Marcelo Bianchi”.
En el escrito fechado el 24 de noviembre, la organización detalla una lista de requisitos que incluyen montaje de cerco perimetral y portones, habilitación de vestuarios debajo del escenario (pintura, iluminación, baños para artistas y equipo), conexión de agua de la empresa estatal OSE, instalación de baños químicos —el Municipio aporta tres unidades y la organización seis adicionales—, refuerzo de la baranda y construcción de escalera más ancha al lado del escenario, canalización de desagüe, corte y poda total del predio, y refuerzo eléctrico junto a la UTE. Adicionalmente, se solicita que algunos trabajos estén finalizados para el 20 de diciembre de 2025 y que la organización tome posesión del predio entre el 26 de enero y el 11 de febrero, con entrega posterior en iguales condiciones.
La misiva abre con una observación crítica: tras 30 días de haber remitido una nota el 10 de noviembre, la secretaria del Municipio llamó telefónicamente para notificar de una resolución sin que se realizara un diálogo continuado entre las partes. Esta introducción deja entrever un grado de tensión institucional.
El contexto arroja luz sobre por qué la carta adopta este tono. En octubre de 2025, el alcalde Parodi señaló que la comuna había decidido no autorizar el uso de la pista “Marcelo Bianchi” para la Fiesta y ofreció como alternativa el Teatro de Verano, con “facilidades” y sin costo para los organizadores. A su vez, el 21 de noviembre, Carmelo Portal informó que los organizadores habían solicitado reevaluar el uso del predio tradicional mientras el municipio insistía en la sede del Teatro de Verano, con un plazo de diez días hábiles para confirmar.
Desde una mirada periodística, esta carta actúa como un instrumento para fijar plazos y responsabilidades por parte de la organización frente a una sede que resulta alternativa y en proceso de adaptación. La lista de exigencias pone en evidencia que la infraestructura del Teatro de Verano —aunque ofrecida como solución— deberá someterse a mejoras importantes para cumplir con los estándares operativos del evento, al menos desde la mirada de los organizadores.
El hecho de que numerosos requerimientos dependan del accionar municipal o de organismos estatales (como OSE o UTE) implica que la ejecución estará condicionada por plazos ajustados, procedimientos administrativos y coordinación interinstitucional. Si bien la organización está dispuesta a asumir parte del trabajo —como el ingreso anticipado al predio y provisión adicional de baños—, el margen de tiempo hasta febrero deja poco espacio para demoras.
En definitiva, la carta no solo plantea infraestructura sino que visibiliza un escenario de negociación en el que la realización de la Fiesta, su localización y sus condiciones logísticas están en juego. Para que la edición de 2026 se celebre sin contratiempos, será clave que el Municipio responda a estos planteos de forma clara, que confirme la sede y que se comprometa con los plazos. Si no, la incertidumbre que ya se vislumbraba en informes locales podría convertirse en un obstáculo para el evento.


























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