Una planta de trigo puede desarrollarse normalmente durante meses y sufrir, en apenas unos días de calor extremo, un daño capaz de comprometer su cosecha. Lo más llamativo es que ese perjuicio puede ocurrir cuando los granos todavía no se han formado.
Es una de las conclusiones científicas expuestas en una jornada realizada en INIA La Estanzuela, en Colonia, donde investigadores de Uruguay y otros países analizaron cómo las olas de calor afectan la producción de uno de los principales cereales del país.
La investigadora Roxana Savin, de la Universidad de Lleida, España, explicó que los episodios de calor extremo pueden resultar más perjudiciales para los cultivos que un aumento gradual y sostenido de las temperaturas.
El momento decisivo ocurre alrededor de la floración. Los estudios identifican un período crítico que comienza aproximadamente veinte días antes y se extiende hasta diez días después. Durante esas semanas se determina buena parte de la cantidad de granos que producirá el trigo.
Si aparecen temperaturas excesivas, pueden alterarse los procesos reproductivos de las flores y reducirse la formación de granos. El calor también puede perjudicar su crecimiento posterior, disminuyendo el peso final de la cosecha.
Esto significa que dos chacras sometidas a temperaturas similares pueden experimentar consecuencias diferentes según la etapa de desarrollo que atraviesen sus cultivos.
La posibilidad de un trigo más resistente
La investigación también establece que no todas las variedades de trigo responden de la misma manera frente al calor y la sequía. Algunas poseen características que podrían permitirles soportar mejor esas condiciones.
Identificar esas diferencias es uno de los objetivos del proyecto internacional Trigo resiliente al cambio climático, del que participa INIA La Estanzuela junto con instituciones de Argentina, España y Estados Unidos.
Los científicos estudian además si determinadas fechas de siembra permiten evitar que la floración coincida con los períodos de mayor riesgo térmico. La combinación de genética, observaciones de campo y modelos climáticos podría ofrecer herramientas para proteger los rendimientos.
Para Colonia, departamento de importante tradición triguera, los resultados tienen especial interés. La investigación coincide con una cosecha nacional 2025/26 que alcanzó un rendimiento promedio récord de 5.040 kilos por hectárea.
El desafío científico ya no consiste solamente en obtener mayores cosechas, sino en comprender cómo conservarlas frente a episodios climáticos extremos.
La investigación desarrollada con participación de La Estanzuela busca transformar ese conocimiento en decisiones concretas para los productores: elegir variedades más resistentes y reducir la exposición del trigo al calor durante las semanas en que se define su rendimiento.


























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