El principal desafío de OSE en Carmelo no comienza en una factura ni en una rotura visible sobre la calle. Comienza antes: en la diferencia entre el agua que ingresa al sistema y la que finalmente queda registrada como consumo de los usuarios.
Entre febrero de 2025 y febrero de 2026, Carmelo dispuso de 1.675.750 metros cúbicos de agua, luego de descontar el volumen enviado hacia Cerro Carmelo. OSE facturó 974.650 metros cúbicos y registró 698.680 como pérdidas. Son aproximadamente 1.900 metros cúbicos diarios que no llegaron a convertirse en consumo facturado regular.
El porcentaje fue de 41,7%. No se trata de una situación concentrada en un solo año: entre febrero de 2023 y febrero de 2026, el indicador promedio fue de 42,3%. La reducción desde el 43,2% del primer balance anual hasta el 41,7% del último representa una mejora de 1,5 puntos porcentuales, pero todavía no alcanza para identificar un cambio profundo en el comportamiento de la red.
Para ordenar los desafíos se pueden considerar cuatro aspectos: la magnitud del problema, su permanencia en el tiempo, su impacto sobre los usuarios y la información disponible para tomar decisiones.
El primer desafío es saber dónde se pierde el agua
El concepto de agua no contabilizada incluye situaciones diferentes. Una parte puede corresponder a pérdidas físicas, como fugas y roturas. Otra puede originarse en medidores que registran de manera incorrecta, conexiones no autorizadas, consumos no facturados o problemas administrativos.
Por eso, afirmar que Carmelo “pierde” cuatro de cada diez litros no significa que todo ese volumen corra bajo tierra o aparezca en las calles. El problema es que la documentación suministrada no permite separar cuánto corresponde a fugas reales y cuánto a errores de medición o facturación.
Esa falta de apertura es el primer obstáculo para definir una respuesta. Antes de establecer cuánto invertir y dónde hacerlo, OSE necesita un diagnóstico local que ubique las pérdidas por sectores de la ciudad y cruce esa información con las roturas reparadas, el estado de los medidores, la antigüedad de las tuberías y los registros de presión.
El dato global muestra el tamaño del problema. Para resolverlo se necesita saber en qué parte de la red está concentrado.
Pasar del balance general a un plan por zonas
Una vez localizada la pérdida, el siguiente desafío es establecer prioridades. No todos los sectores de una red requieren la misma intervención ni producen el mismo volumen de agua no contabilizada.
El camino debería comenzar por identificar las zonas donde la diferencia entre agua distribuida y consumo medido sea mayor. A partir de allí pueden programarse recambios de tuberías, detección de fugas, reparación de conexiones y revisión de medidores.
El balance de Cerro Carmelo ofrece una referencia, aunque no una comparación directa. Allí las pérdidas fueron del 26%, frente al 41,7% de Carmelo. Los sistemas tienen tamaños y características diferentes, por lo que ese contraste no permite determinar causas. Sí demuestra que el problema debe estudiarse a escala local y no solamente mediante indicadores departamentales o nacionales.
OSE tampoco proporcionó información suficiente para calcular cuánto costaría reducir las pérdidas ni cuánta agua podría recuperarse con una determinada inversión. Sin la localización de las fugas y la separación entre pérdidas físicas y aparentes no es posible construir un cálculo serio de costo y beneficio.
Evitar que una dificultad operativa se convierta en miles de estimaciones
El segundo bloque de problemas aparece en la lectura de los medidores.
Entre junio de 2024 y mayo de 2026 se registraron 223.886 facturas o registros. De ese total, 22.069 fueron calculados mediante una estimación, lo que representa el 9,86%.
El promedio, sin embargo, oculta una variación importante. En mayo de 2026 hubo 5.702 facturas estimadas, casi el 60% de las emitidas ese mes. Un solo mes concentró más de la cuarta parte de todas las estimaciones registradas durante los dos años analizados.
La causa principal fue el código “Falta de Dotación/Feriados”, con 5.428 casos en mayo. El problema es que esa categoría reúne dos situaciones diferentes y no permite conocer cuántas lecturas faltaron por ausencia de personal y cuántas por días feriados.
El desafío consiste en evitar que una dificultad puntual altere la medición de miles de suministros. Eso requiere prever sustituciones, reorganizar recorridos y establecer planes de recuperación de lecturas cuando una ruta no pueda completarse.
También sería necesario separar los códigos. La falta de personal es un problema de organización; un feriado es una circunstancia prevista en el calendario. Al registrarlos juntos se pierde información necesaria para corregir la causa.
La mitad de las estimaciones está vinculada al acceso o al medidor
Los datos muestran además un conjunto de dificultades cotidianas. Predios cerrados, medidores tapados, servicios sin medidor, perros que impiden el acceso y esferas empañadas sumaron 11.470 estimaciones. Representan algo más de la mitad de todas las facturas estimadas del período.
En estos casos, la respuesta no depende únicamente de OSE. También requiere coordinación con los usuarios.
Una campaña local podría informar cómo mantener accesible el medidor, cómo comunicar un desperfecto y qué alternativas existen cuando el lector no puede ingresar al predio. Paralelamente, OSE debería identificar los medidores que presentan problemas reiterados y establecer un programa de reparación, traslado o sustitución.
La tecnología también puede formar parte de la respuesta, pero debe aplicarse con una planificación definida. Antes de pensar en cambios generales, los datos permiten localizar los suministros que acumulan estimaciones y concentrar allí las primeras intervenciones.
Explicar mejor lo que ocurre después de una estimación
El vínculo con los usuarios constituye otro desafío. De las 1.364 gestiones vinculadas con consumos, 1.011 fueron por alto consumo. Es decir, tres de cada cuatro estuvieron relacionadas con facturas que el usuario consideró elevadas.
Ese porcentaje no demuestra que todas las facturas estuvieran equivocadas. Sí muestra que el alto consumo es el principal punto de conflicto entre el organismo y sus clientes.
Cuando una factura es estimada, el usuario necesita encontrar cuatro respuestas sencillas: por qué no se realizó la lectura, cómo se calculó el consumo, cuándo se obtendrá una medición real y de qué manera se corregirá una eventual diferencia.
La documentación señala que OSE realiza ajustes cuando posteriormente obtiene una lectura efectiva. Sin embargo, no presenta una trazabilidad completa de los reclamos: no permite conocer cuántos fueron aceptados, rechazados, refacturados o permanecieron pendientes.
Mejorar esa información no implica solamente publicar más números. Significa permitir que cada vecino pueda seguir el recorrido de su gestión y comprender el resultado.
Medir mejor para decidir mejor
Los datos delimitan una hoja de ruta. El primer paso es separar las pérdidas físicas de las aparentes. El segundo es localizar el problema por zonas y definir prioridades de inversión. El tercero es asegurar la continuidad de las lecturas y actuar sobre los medidores con dificultades recurrentes. El cuarto es informar con claridad al usuario.
El desafío de OSE en Carmelo no se limita a producir más agua. Consiste en aprovechar mejor la que ya ingresa al sistema, medirla con continuidad y explicar qué ocurre desde que entra en la red hasta que aparece en la factura.
La cifra del 42% señala la magnitud. El próximo avance deberá estar en los detalles: dónde se pierde, por qué se pierde, cuánto cuesta recuperarla y en qué plazo puede reducirse.


























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