El libro de Paul Rocher, Qué hace la policía. Y cómo vivir sin ella (Katakrak, 2023), ofrece un diagnóstico incómodo: la policía no es solo una institución destinada a hacer cumplir la ley, sino un actor político central que moldea la idea de orden y seguridad de las sociedades contemporáneas.
Su crítica desmonta el “relato hegemónico” que sostiene la necesidad incuestionable de la policía y cuestiona la neutralidad que se le atribuye.
Rocher expone que gran parte de las intervenciones policiales no tienen relación directa con delitos penales, y que el verdadero efecto de su presencia es más simbólico que real: “la policía reconforta sin confortar”. El autor sostiene que la institución opera como un “poder ejecutivo hiperactivo” que utiliza la ley como herramienta y que, en momentos de controversia, activa mecanismos de defensa corporativa y narrativas de legitimación que minimizan o reinterpretan las críticas.
Del debate global al escenario local
En Uruguay, y más aún en ciudades de escala media o pequeña como Carmelo, la relación entre ciudadanía y policía se vive de forma distinta que en las grandes capitales. Aquí, el contacto es más cercano: los agentes son vecinos, padres de familia, personas conocidas. Esa proximidad genera confianza en muchos casos, pero también puede reforzar la percepción de que ciertas intervenciones, cuestionamientos o investigaciones internas “no corresponden” porque involucran a personas con vínculos comunitarios.
El planteo de Rocher abre preguntas aplicables a nuestra realidad:
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¿Cómo se construye la percepción de seguridad en Carmelo?
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¿Qué tan presentes están las intervenciones policiales en delitos frente a otras tareas de control o prevención?
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¿Existen mecanismos claros y transparentes para investigar abusos o excesos, y son percibidos como eficaces por la ciudadanía?
Colonia, seguridad y confianza pública
En el departamento de Colonia, las estadísticas del Ministerio del Interior muestran variaciones en delitos como hurtos y rapiñas, pero en localidades como Carmelo los problemas más visibles para la población muchas veces tienen que ver con episodios de violencia doméstica, conflictos vecinales o controles en la vía pública. La narrativa de “orden” se sostiene tanto en la presencia policial como en la coordinación con el gobierno departamental y las comisarías barriales.
El libro invita a repensar si la seguridad que percibimos se basa en la reducción efectiva de riesgos o en un acuerdo tácito de que la policía “está ahí” y eso basta para tranquilizarnos. En comunidades pequeñas, esa percepción puede ser más fuerte, pero también más frágil ante un episodio de abuso, corrupción o ineficacia.
Una discusión pendiente
En Carmelo, este debate todavía no ocupa el centro de la agenda pública. Las noticias sobre procedimientos policiales se limitan casi siempre a partes oficiales o comunicados, sin un espacio sistemático para evaluar el papel estructural de la policía, su relación con la comunidad o la necesidad de mecanismos de control civil.
Lo que Rocher plantea no es solo una crítica, sino una invitación a pensar modelos alternativos o complementarios de seguridad, donde la prevención y la cohesión social tengan el mismo peso que la respuesta policial. Trasladado a nuestra escala, el desafío sería abrir un diálogo franco:
¿ qué esperamos de la policía en Carmelo?,
¿ cómo medimos su eficacia?,
¿y cómo equilibramos cercanía comunitaria con control democrático?
En Carmelo, a diferencia de barrios en otras ciudades más tensos, la policía parece tener una legitimidad construida sobre la rutina cotidiana y la cercanía comunitaria.
Pero desde la perspectiva de autores como Rocher, invitan a cuestionar si esa estabilidad aparente oculta sombras: ¿hay mecanismos efectivos para denunciar malos tratos, discriminación o excesos? ¿Se desprecia una mirada crítica por considerarla “desleal” con quienes “nos cuidan”?
Abrir ese debate —sobre la percepción, los mitos, la neutralidad y la rendición de cuentas— no implica atacar a quienes visten uniforme, sino fortalece nuestra comunidad desde el control democrático.



























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