La suspensión temporal del Frigorífico Tacuarembó para exportar a China abrió una pregunta que va más allá del mercado asiático: ¿qué ocurre con la carne proveniente de los establecimientos ganaderos involucrados cuando su destino es el mercado uruguayo?
Hasta el momento no existe información oficial que indique que carne comercializada en Uruguay presente niveles de imidocarb por encima de los límites permitidos. Pero tampoco se ha informado todavía si animales procedentes de los predios que originaron el embarque observado por China tuvieron otros destinos comerciales.
La diferencia es importante.
El 6 de agosto, las autoridades sanitarias chinas detectaron residuos de imidocarb por encima del límite máximo permitido en carne bovina sin hueso producida por el Frigorífico Tacuarembó. Es el segundo episodio de 2026 en el mismo establecimiento: el anterior había sido comunicado el 19 de mayo.
El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca informó que inició una investigación para determinar el origen del incidente e identificar los establecimientos ganaderos involucrados.
El control no es solamente para exportación
Uruguay cuenta desde 1978 con un Programa Nacional de Residuos Biológicos (PNRB). Su función es monitorear medicamentos veterinarios y contaminantes en animales y productos de origen animal.
El manual oficial establece expresamente que el control sanitario busca determinar la aptitud de los alimentos cárnicos tanto para consumo dentro del territorio nacional como para exportación.
El sistema funciona mediante muestreos. Según información divulgada por el MGAP en enero, se realizan entre 7.000 y 8.000 muestras anuales y se monitorean más de 170 compuestos. Los controles alcanzan establecimientos ganaderos y plantas de faena.
Por lo tanto, no corresponde afirmar que Uruguay controle residuos únicamente en la carne destinada al exterior.
Tampoco significa que cada animal faenado sea sometido individualmente a un análisis de residuos. El programa utiliza muestreos y, cuando encuentra resultados por encima de los límites establecidos, activa procedimientos de seguimiento e investigación.
La trazabilidad es ahora la pieza central
El imidocarb está autorizado en Uruguay para tratar enfermedades bovinas como Babesia y Anaplasma, vinculadas a la garrapata. El problema no es el medicamento en sí, sino que permanezcan residuos por encima del límite permitido.
Para los productos con imidocarb registrados en Uruguay, el MGAP establece un tiempo de espera de 213 días entre el tratamiento y el envío del animal a faena. Ese período permite que los residuos disminuyan hasta niveles considerados seguros.
Los tratamientos deben quedar registrados y el productor debe verificar el cumplimiento del tiempo de espera.
En 2026, además, el Gobierno amplió las potestades de la Dirección General de Servicios Ganaderos para investigar establecimientos agropecuarios y plantas de faena. También se fortalecieron los controles sobre proveedores de ganado y los procedimientos frente a resultados no conformes.
Es precisamente allí donde la trazabilidad adquiere importancia.
Si el MGAP identifica los establecimientos de origen de los animales involucrados, el sistema dispone de herramientas para reconstruir su procedencia y realizar controles dirigidos.
Lo que todavía falta conocer
El comunicado oficial del 7 de agosto no identifica los predios ganaderos involucrados porque la investigación continúa.
Tampoco informa si otros animales de esos establecimientos fueron enviados a faena durante el período relevante, a qué frigoríficos llegaron o si parte de esa producción terminó destinada al mercado interno.
Esas respuestas son necesarias para completar la dimensión nacional del episodio.
Por ahora, la evidencia disponible permite establecer dos cosas con claridad: el sistema uruguayo de vigilancia de residuos también comprende la carne destinada al consumo interno y no existe información oficial que indique un problema de imidocarb en la carne que actualmente consumen los uruguayos.
Lo que permanece abierto es otra cuestión: una vez identificados los establecimientos ganaderos de origen, conocer si otros animales siguieron diferentes destinos y qué resultados arrojaron los controles correspondientes.
La trazabilidad permite buscar esas respuestas. La investigación del MGAP deberá ahora aportarlas.

























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