Restos óseos fueron hallados en las últimas horas en el Cementerio de Carmelo, en un sector donde nunca se realizan sepulturas. La información fue difundida por el Alcalde Luis Pablo Parodi en Radio Carmelo y confirmada por el Dr. Enrique Erramouspe quien es el asesor legal del jerarca, a Carmelo Portal.
El hallazgo se produjo luego de que un árbol de gran porte fuera retirado por la autoridad competente y trasladado al sector de depósito del cementerio. En las raíces del ejemplar, enterradas a una profundidad estimada de tres metros, se habrían encontrado los restos.
Funcionarios del cementerio advirtieron la presencia del material óseo tras las lluvias registradas en los últimos días, que habrían dejado al descubierto parte de los restos. El sitio no se encuentra habilitado para enterramientos, según indicaron fuentes oficiales.
La hipótesis vinculante al pasado reciente
De acuerdo con lo informado por el alcalde de Carmelo, Luis Pablo Parodi, el árbol había sido plantado en 1974 por la familia Perrini, en memoria de Aldo “Chiquito” Perrini. Tras el hallazgo, se dio aviso a la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo y a la Comisión de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos.
Hasta el momento no existe confirmación sobre la identidad ni la antigüedad de los restos. Las autoridades señalaron que no se descarta ninguna hipótesis, en tanto avanza la investigación correspondientes.
En el lugar trabajan efectivos de la Seccional Tercera de Policía junto con personal de Policía Científica, que quedó a cargo de las pericias técnicas.
La zona quedó blindada y deslindada bajo la orden de Fiscalía.
En el supuesto caso de que el hallazgo pudiera estar relacionado con hechos ocurridos durante la última dictadura, el país cuenta con un protocolo específico aprobado por el Poder Ejecutivo para la búsqueda, recuperación y análisis de restos óseos de personas detenidas-desaparecidas. Dicho procedimiento fue elaborado a propuesta del Consejo Directivo de la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente, dependiente de la Presidencia de la República.
El protocolo establece distintas etapas que abarcan la búsqueda y el hallazgo, la exhumación e interpretación de posibles fosas o sitios de enterramiento clandestino, la recuperación de restos y evidencias, así como una investigación preliminar que define las acciones a seguir una vez identificado un lugar de interés.
Una de las fases centrales es el análisis multidisciplinario de los restos, que involucra especialistas en antropología, medicina, odontología, radiología y genética. El procedimiento incluye la preservación de la cadena de custodia, la toma de muestras, la elaboración de un informe pericial integrado y la producción de un informe histórico complementario.
El protocolo también prevé la comunicación de los resultados a los familiares y, como instancia final, la información a la opinión pública. Las distintas etapas no necesariamente se desarrollan de manera estrictamente cronológica y pueden superponerse, ya que se trata de un proceso complejo que requiere la intervención coordinada de profesionales de diversas disciplinas científicas.
La hipótesis del siglo XVIII:
Otra de las hipótesis que manejan los investigadores está vinculada a la antigüedad de los restos, en función de la profundidad a la que fueron hallados. Fuentes consultadas indicaron que no se descarta que se trate de un enterramiento correspondiente al siglo XVIII.
Hacia finales de ese siglo y comienzos del XIX, los cambios demográficos, la necesidad de espacios más amplios y los procesos de secularización impulsaron la creación de cementerios fuera del ámbito de los templos. En el territorio oriental, estas transformaciones dieron lugar tanto a cementerios parroquiales como a espacios destinados a personas no católicas.
Existen antecedentes documentados en distintos puntos del país. En Montevideo, se han confirmado enterramientos de fines del siglo XVIII y principios del XIX en el entorno de la Iglesia de Belén, así como la existencia de un antiguo cementerio para no católicos en la zona donde hoy se ubica la Avenida 18 de Julio.
En Colonia del Sacramento, hallazgos arqueológicos previos han permitido identificar restos óseos del siglo XVIII en el antiguo cementerio situado en la Plaza Manuel Lobo, lo que confirma la presencia de prácticas funerarias anteriores a la organización de los cementerios modernos.
Especialistas señalan que el siglo XVIII fue un período de transición, en el que coexistieron los ritos católicos en ámbitos parroquiales con prácticas indígenas y formas tempranas de enterramientos públicos. Esta hipótesis, como las demás, deberá ser evaluada a partir de los estudios técnicos y periciales que se encuentran en curso.
Por el momento, las autoridades aguardan los resultados de las pericias en curso para determinar el origen de los restos y los pasos a seguir.

























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