El miércoles 17 de septiembre de 2025 se confirmó el cierre definitivo de la planta quesera Howald y Krieg, conocida en la zona como ex Alpa, un emblema de Nueva Helvecia que acompañó por más de 75 años la vida productiva de la colonia suiza, informaba Semanario Helvecia.
La empresa atravesaba desde hace meses una situación económica crítica. Los intentos por recomprar y reactivar la planta no consiguieron el respaldo financiero necesario, y la negociación quedó sin margen. Como consecuencia, la maquinaria fue vendida a una firma de Tacuarembó y ya fue retirada de la ciudad. Con esos fondos, informaron, se cubrirán la totalidad de los despidos de los 18 trabajadores, además de pagos a proveedores, insumos y compromisos legales pendientes.
Una salida forzada
La decisión cierra un ciclo ligado a la tradición láctea de Nueva Helvecia. La ex Alpa fue, durante décadas, sinónimo de producción familiar, empleo local y calidad. El deterioro financiero —y la imposibilidad de asegurar crédito en condiciones viables— precipitó un desenlace irreversible.
Impacto regional
El cierre deja un vacío en el entramado productivo del litoral coloniense. Más allá del golpe inmediato para las familias trabajadoras, la desaparición de un actor histórico reduce capacidades en la cadena láctea regional y empobrece el tejido industrial de una localidad íntimamente vinculada a la lechería.
Lo que sigue
La liquidación de activos permitió honrar obligaciones laborales y comerciales, un aspecto que suele quedar abierto en procesos de este tipo. No obstante, la clausura de la planta marca el fin de una etapa y obliga a pensar alternativas para sostener empleo y valor agregado en un sector que, pese a su resiliencia, enfrenta costos crecientes, volatilidad y competencia.
El portón de la ex Alpa se cierra; queda la huella de su contribución a la identidad quesera de Nueva Helvecia y el desafío de que esa tradición encuentre nuevos caminos.



























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